Si algo hace bien Project Hail Mary es recuperar ese espíritu de la ciencia ficción de los 80 con un claro ADN spielberiano. Dirigida por Phil Lord y Christopher Miller, la película combina aventura, emoción y humor con ese sentido del asombro tan característico.
La historia sigue a un profesor de ciencias que despierta solo en una nave espacial sin recordar cómo ha llegado allí, y poco a poco descubre que forma parte de una misión crucial para salvar a la humanidad.
Pero más allá de la supervivencia, la película también habla de algo mucho más íntimo: la amistad inesperada que su personaje construye con un extraterrestre. Es ahí donde la película encuentra su verdadero corazón, en contraste directo con la frialdad y el pragmatismo con el que el protagonista se relaciona con el resto de humanos.
Visualmente es espectacular: la fotografía y la puesta en escena están muy cuidadas, y la banda sonora —con temas pop ochenteros— encaja sorprendentemente bien sin resultar forzada.
Pero si la película funciona de verdad es por Ryan Gosling. Su interpretación tiene muchísimo carisma: convierte a un hombre corriente en alguien con quien conectas desde el primer momento. Sostiene la película prácticamente él solo.
También destaca Sandra Hüller en un papel que podría pasar más desapercibido. Tiene una escena clave —la del karaoke— que resume muy bien el corazón de la película y humaniza completamente a su personaje.
La película adapta la popular novela de ciencia ficción de Andy Weir (The Martian), y se nota ese gusto por la ciencia accesible y el entretenimiento inteligente.
¿El problema? El cierre. Da la sensación de que tiene varios finales: cuando parece que va a terminar, vuelve a arrancar otra vez. Ese alargamiento le resta impacto emocional al desenlace.
Aun así, es una propuesta muy disfrutable, con alma, espectáculo y un protagonista que te lleva de la mano hasta el final.

Esta bien
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