lunes, 22 de junio de 2026

La película que destruye la comedia romántica desde dentro

 Es de agradecer que, en plena temporada veraniega, llegue a los cines una película inteligente como The Drama, protagonizada por Robert Pattinson y Zendaya, dos estrellas capaces de atraer al gran público sin renunciar a una propuesta con más ambición de la que su campaña de marketing sugiere.

Aunque se haya vendido como una comedia romántica, esa etiqueta se queda corta. En realidad, estamos ante una tragicomedia con un guion lleno de capas y matices. La historia sigue a una joven pareja, exitosa, atractiva y aparentemente perfecta, que está a punto de casarse. Sin embargo, todo cambia cuando ella revela un secreto inconfesable. A partir de ese momento, no solo se tambalea la percepción que tienen sus amigos sobre la relación, sino también la del propio personaje interpretado por Robert Pattinson.

Ese giro introduce la verdadera naturaleza de la película: una reflexión incómoda sobre la moralidad dentro de una disección ácida de las convenciones de la comedia romántica. Es ahí donde The Drama se vuelve más interesante, porque deja de jugar con las expectativas del género para cuestionarlas directamente desde dentro.

La película explora las apariencias, los prejuicios y las contradicciones de una generación que presume de honestidad emocional, pero que no siempre está preparada para enfrentarse a la verdad. Lo hace con un tono satírico que oscila entre lo hilarante y lo incómodo, hasta el punto de generar una risa nerviosa en los momentos más tensos.

Zendaya ofrece probablemente su interpretación más compleja hasta la fecha. La película le exige transitar entre registros muy distintos, desde lo absurdo hasta lo trágico, y ella lo hace con una naturalidad que evita cualquier artificio. Hay una precisión constante en cómo sostiene la vulnerabilidad sin perder el control, incluso cuando su personaje parece desbordarse.

Robert Pattinson, por su parte, está sencillamente perfecto. A primera vista puede parecer un personaje contenido, incluso anodino, pero el giro lo transforma por completo. A partir de ahí, la película lo empuja hacia una deriva emocional cada vez más inestable, que termina siendo tan incómoda como fascinante, y en algunos momentos incluso deliberadamente cómica.

Es una transformación que el director filma con una evidente fascinación, como si disfrutara observando la descomposición progresiva de un personaje que al inicio parecía perfectamente estable.

Zendaya y Pattinson sostienen la película con una química extraordinaria, y es en ese choque entre ambos donde The Drama encuentra su verdadero pulso.

Una película ácida y satírica que desarma las reglas del género desde dentro, incómoda hasta el punto de incomodar al propio espectador, y lo bastante inteligente como para no ofrecer ninguna salida fácil. No busca gustar: busca incomodar, y en ese riesgo encuentra su fuerza.

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