martes, 14 de abril de 2026

Las chicas de Almodóvar: el club que el Oscar nunca entendió

 Durante años, el cine de Pedro Almodóvar ha construido algunos de los personajes femeninos más potentes, complejos y memorables del cine contemporáneo. Y, sin embargo, la Academia apenas los ha mirado.

Solo dos intérpretes han conseguido entrar en los Oscar trabajando bajo su dirección: Penélope Cruz, con dos nominaciones por Volver y Madres paralelas, y Antonio Banderas por Dolor y gloria. Un dato que, más que anecdótico, resulta desconcertante si se pone en contexto.

Porque no estamos hablando de casos aislados. Estamos hablando de interpretaciones como las de Carmen Maura, Marisa Paredes, Cecilia Roth o Victoria Abril, que entre los 80 y los 90 definieron el cine europeo sin que Hollywood llegara siquiera a considerarlas seriamente.

En aquella época, las reglas eran otras. El Oscar era un territorio profundamente anglosajón, donde una interpretación en otro idioma necesitaba algo más que excelencia para existir: necesitaba visibilidad, campaña o directamente ser una excepción.

Carmen Maura fue el primer gran pilar del universo femenino de Pedro Almodóvar. En Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) interpreta a Pepa, una mujer en pleno colapso emocional dentro de una comedia frenética que la convirtió en icono internacional y le valió el premio a Mejor Actriz Europea. En Volver (2006), como Irene, regresa al universo Almodóvar desde otro lugar, el de la memoria, la culpa y los secretos familiares, con un registro completamente distinto.

Marisa Paredes encarna el lado más elegante y trágico del cine de Almodóvar. En Tacones lejanos (1991) es Becky del Páramo, una diva distante atrapada en una relación fracturada con su hija entre el ego artístico y la herida emocional. En La flor de mi secreto (1995) interpreta a Leo Macías, una escritora en crisis vital que intenta sostener su identidad mientras su vida se desmorona. Es una interpretación de contención y desgaste emocional que encajaría perfectamente en los códigos clásicos del Oscar.

Cecilia Roth sostiene Todo sobre mi madre (1999) como Manuela, una enfermera que pierde a su hijo y emprende un viaje marcado por el duelo, la identidad y la reconstrucción emocional. Es una interpretación central, absoluta, construida desde el dolor continuo y la transformación. Con la mirada actual de la Academia, es difícil imaginar que un trabajo así pudiera pasar desapercibido.

Victoria Abril interpreta a Rebeca en Tacones lejanos (1991), una mujer atrapada entre la figura de su madre y su propio vacío emocional. Es un melodrama llevado al extremo, donde el exceso no es un recurso sino el lenguaje del personaje. Una actuación intensa y deliberadamente desbordada, difícil de encajar en los códigos más contenidos del Oscar de los años 90.

Emma Suárez interpreta a la Julieta adulta en Julieta (2016), una mujer marcada por la ausencia, la culpa y la desaparición de su hija. Es una interpretación completamente interior, sostenida en silencios y emociones contenidas. Sin embargo, la campaña internacional no supo posicionarla con fuerza y el foco se desplazó parcialmente hacia la versión joven del personaje interpretada por Adriana Ugarte, diluyendo su impacto en la temporada de premios.

Julianne Moore y Tilda Swinton protagonizan La habitación de al lado (2024), una historia sobre la amistad, la enfermedad y la decisión sobre el final de la vida. Moore interpreta a una escritora que se reencuentra con una antigua amiga en un momento límite marcado por una enfermedad terminal. Swinton encarna a esa amiga, una mujer que afronta su proceso final con lucidez y la determinación de decidir cómo quiere despedirse del mundo. La película se desarrolla como un duelo íntimo entre ambas, donde la conversación, la memoria y la despedida estructuran un relato emocional contenido. En el contexto de la temporada de premios, se llegó a rumorear que Tilda Swinton podía competir en la categoría de actriz de reparto, mientras que Julianne Moore se posicionaba como protagonista. Sin embargo, finalmente ambas fueron presentadas en la categoría de mejor actriz, una decisión que terminó perjudicando la visibilidad de su campaña y que, en términos estratégicos, restó opciones a las dos interpretaciones dentro de la carrera al Oscar.

El tiempo, sin embargo, no ha detenido la conversación. Si algo demuestra la trayectoria de Pedro Almodóvar es que su cine sigue generando interpretaciones capaces de entrar en la conversación de premios, incluso en una Academia cada vez más global.

Amarga Navidad se construye a partir de la historia de un director de cine que toma como inspiración un hecho real ocurrido en la vida de su secretaria para transformarlo en una obra de ficción. A partir de ese punto de partida, la película articula un universo marcado por mujeres atravesadas por la pérdida, el duelo, las crisis vitales y los reencuentros dolorosos, donde la realidad y la ficción se entrelazan constantemente.

En ese contexto, Aitana Sánchez-Gijón y Bárbara Lennie forman parte de un conjunto interpretativo que ha sido señalado por la crítica como uno de los elementos más destacados del proyecto.

Y en ese sentido, sus interpretaciones podrían haber entrado perfectamente en la conversación de la temporada de premios. Porque si algo deja claro este recorrido es que el universo femenino de Almodóvar siempre ha estado más cerca del reconocimiento de lo que la Academia ha estado de ellas.




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