lunes, 6 de julio de 2026

Primeras reacciones a The Odyssey: Christopher Nolan irrumpe con fuerza en la carrera por los Oscars tras su premiere en Londres

 La carrera por los Oscars acaba de sumar a uno de sus primeros grandes protagonistas. Las primeras reacciones de periodistas y asistentes tras la premiere mundial de The Odyssey en Londres no pueden ser más entusiastas. La nueva película de Christopher Nolan está siendo descrita como una epopeya monumental que combina una escala colosal con una gran carga emocional. Aunque todavía es pronto para sacar conclusiones, el consenso inicial ya la sitúa como una de las primeras grandes aspirantes de la próxima temporada de premios.

The Odyssey adapta La Odisea, el célebre poema épico de Homero, considerado una de las obras más influyentes de la literatura universal. La historia sigue el largo viaje de Odiseo, rey de Ítaca, que tras el final de la Guerra de Troya emprende un peligroso regreso a casa. En su travesía deberá enfrentarse a criaturas mitológicas, la ira de los dioses y todo tipo de desafíos mientras lucha por reencontrarse con su esposa, Penélope, y su hijo, Telémaco.

La dirección de Nolan es el aspecto más celebrado. Las primeras impresiones destacan una puesta en escena de enorme ambición, un espectacular uso de las nuevas cámaras IMAX y algunas de las secuencias más impresionantes de toda su filmografía. Varios asistentes incluso comparan la experiencia con clásicos como Lawrence of Arabia o Seven Samurai, subrayando la capacidad del director para combinar espectáculo, emoción y una historia profundamente humana.

En el apartado interpretativo, Matt Damon emerge como el gran protagonista de las primeras reacciones. Su trabajo como Odiseo está siendo descrito como una de las mejores interpretaciones de su carrera, lo que lo convierte desde ya en un nombre a seguir en la conversación por el Oscar a Mejor Actor. Anne Hathaway también recibe excelentes críticas por su interpretación de Penélope y comienza a perfilarse como una seria aspirante en Actriz de Reparto. Entre los secundarios, Robert Pattinson es otro de los nombres que más se repiten y ya aparece en las primeras quinielas para Actor de Reparto. Tom Holland, John Leguizamo, Himesh Patel y Samantha Morton completan un reparto ampliamente elogiado.

El apartado técnico tampoco pasa desapercibido. La fotografía, el diseño sonoro y la banda sonora de Ludwig Göransson están siendo destacados de forma recurrente, al igual que el compromiso de Nolan con el rodaje en IMAX y los efectos prácticos. Todo ello convierte a The Odyssey en una de las primeras películas que empiezan a sonar con fuerza en categorías como Fotografía, Sonido, Banda Sonora, Montaje, Efectos Visuales, Dirección y Mejor Película.

Todavía quedan meses para que la temporada de premios tome forma y llegarán numerosos títulos que podrían alterar el panorama. Sin embargo, si el entusiasmo generado tras su estreno en Londres se mantiene cuando se publiquen las críticas completas y llegue su estreno comercial, The Odyssey tiene todos los ingredientes para convertirse en una de las grandes protagonistas de la próxima carrera por los Oscars.

¿Puede Michael sobrevivir a las malas críticas en la carrera al Oscar?

 Las primeras críticas de Michael estuvieron muy lejos del entusiasmo que muchos esperaban. El esperado biopic sobre Michael Jackson, dirigido por Antoine Fuqua, ha dividido a la prensa especializada, que ha cuestionado tanto algunos aspectos de su ejecución como la forma en que aborda los episodios más controvertidos de la vida del artista. Su producción tampoco estuvo exenta de dificultades, con cambios en el guion y una notable controversia por cómo tratar las acusaciones de abuso sexual contra Jackson.

Sin embargo, la conversación en torno a la película no termina en las reseñas. Michael ha sido un enorme éxito de taquilla, convirtiéndose en uno de los mayores fenómenos comerciales del año. Además, ha encontrado importantes defensores dentro de la industria. Cineastas como Spike Lee han elogiado públicamente la película y la interpretación de Jaafar Jackson ha sido, incluso para muchos críticos que no quedaron convencidos con el conjunto, el aspecto más destacado del filme.

Todo ello plantea una pregunta inevitable: ¿puede una película con malas críticas seguir aspirando a una nominación al Oscar a Mejor Película?

La historia de la Academia demuestra que sí.

Uno de los precedentes más claros es Bohemian Rhapsody. El biopic sobre Freddie Mercury y Queen llegó a la temporada de premios rodeado de críticas muy divididas por su montaje, su estructura narrativa y las licencias tomadas con la historia de la banda. Sin embargo, el público respondió de forma masiva y la Academia también. La película obtuvo cinco nominaciones al Oscar, incluida Mejor Película, y terminó ganando cuatro estatuillas, entre ellas la de Mejor Actor para Rami Malek, cuya interpretación fue ampliamente elogiada incluso por quienes cuestionaban la película.

Las similitudes con Michael van más allá de tratarse de dos biopics musicales sobre iconos de la música. Ambas películas comparten al productor Graham King, las dos llegaron envueltas en un intenso debate crítico y las dos han encontrado en la interpretación de su protagonista uno de sus principales argumentos de prestigio.

Tampoco fue un caso aislado. The Blind Side, basada en la historia real del jugador de la NFL Michael Oher, recibió una acogida discreta por parte de la crítica, pero conectó con el público y con los votantes de la Academia. Acabó consiguiendo dos nominaciones al Oscar, incluida Mejor Película, y convirtió a Sandra Bullock en ganadora del premio a Mejor Actriz.

En 2011, Extremely Loud & Incredibly Close, un drama sobre un niño que intenta superar la muerte de su padre en los atentados del 11 de septiembre, protagonizó una de las mayores sorpresas de la década al lograr una nominación a Mejor Película pese a una recepción crítica muy fría.

Más recientemente, el director Adam McKay ha demostrado que una película puede dividir profundamente a la crítica y, aun así, convencer a la Academia. Vice, un retrato satírico del exvicepresidente Dick Cheney, obtuvo ocho nominaciones al Oscar, incluida Mejor Película. Tres años después, Don't Look Up, una sátira sobre dos científicos que intentan alertar a la humanidad de un cometa que destruirá la Tierra mientras políticos y medios ignoran la amenaza, volvió a polarizar a la crítica y consiguió cuatro nominaciones, entre ellas la de Mejor Película.

Si retrocedemos varias décadas, encontramos precedentes todavía más llamativos. Doctor Dolittle (1967), una superproducción musical sobre un veterinario capaz de hablar con los animales, fue recibida con frialdad por buena parte de la crítica y, pese a ello, consiguió nueve nominaciones al Oscar, incluida la de Mejor Película. Unos años antes, The Greatest Show on Earth (1952), el drama circense dirigido por Cecil B. DeMille, obtuvo cinco nominaciones y terminó ganando el Oscar a Mejor Película. Aunque su recepción inicial fue razonablemente positiva, con el paso del tiempo su prestigio crítico se ha deteriorado hasta convertirla en una de las vencedoras más discutidas de la historia de la Academia.

Por supuesto, ninguno de estos ejemplos garantiza que Michael vaya a repetir ese camino. Las malas críticas siguen siendo un obstáculo importante, especialmente en una temporada competitiva. Pero la historia de los Oscar demuestra que la Academia no siempre coincide con la prensa especializada. La taquilla, el impacto cultural, el respaldo de la industria, una campaña sólida y una interpretación protagonista capaz de entusiasmar a los votantes también forman parte de la ecuación.

Las críticas han complicado el recorrido de Michael, pero no lo han sentenciado. La pregunta ya no es si la película ha dividido a la crítica, sino si conseguirá el mismo respaldo dentro de Hollywood que en su día recibieron Bohemian Rhapsody, The Blind Side o Extremely Loud & Incredibly Close. Como tantas veces ha ocurrido en la historia de los Oscar, la última palabra la tendrá la Academia.

domingo, 28 de junio de 2026

De villanos a protagonistas: Hollywood y la evolución de los personajes LGTBIQ+ en la ficción

 La noche de los Oscar de 1992 fue histórica. El silencio de los corderos se convirtió en la tercera película en conquistar los cinco grandes premios de la Academia: película, dirección, actor, actriz y guion adaptado. Pero, fuera del Dorothy Chandler Pavilion de Los Ángeles, otra historia estaba escribiéndose.

Mientras Hollywood celebraba el triunfo de Jonathan Demme, cientos de activistas LGTBIQ+ protestaban contra una industria que, durante décadas, había retratado a las personas homosexuales y trans desde el miedo, el prejuicio o la caricatura. La crisis del sida seguía golpeando con dureza a la comunidad y el cine comercial insistía en asociar la diversidad sexual con la violencia, la enfermedad o la tragedia.

Las protestas no nacían únicamente por The Silence of the Lambs de Jonathan Demme. Aunque Buffalo Bill es un personaje complejo y discutido en su lectura, numerosas asociaciones señalaron que la película reforzaba una tradición de villanos queer o personajes codificados como “diferentes” y peligrosos. Poco después llegaría Basic Instinct de Paul Verhoeven, cuya protagonista bisexual —una escritora brillante, magnética, inteligente y sexualmente libre, pero también manipuladora y potencialmente letal— volvió a alimentar el debate cultural sobre la representación.

Aquellas manifestaciones marcaron un punto de inflexión. El colectivo ya no estaba dispuesto a aceptar que la única representación posible fuera la del psicópata, el bufón o el personaje condenado a un final trágico. Exigía algo mucho más sencillo: verse reflejado en pantalla como cualquier otra persona.

El cambio empieza a materializarse en los años noventa con Philadelphia de Jonathan Demme en 1993. Tom Hanks interpreta a un abogado despedido tras ser diagnosticado de VIH/sida en una de las primeras grandes producciones de Hollywood que coloca la enfermedad y la discriminación en el centro del relato. Su interpretación le valió el Oscar a mejor actor, y la película supuso un momento clave: por primera vez, el gran público se enfrentaba a una historia LGTBIQ+ sin que esta estuviera reducida al estereotipo o la marginalidad.

A partir de ahí, el cine empieza a abrirse lentamente a nuevas formas de representación, aunque todavía con tensiones evidentes. El gran salto simbólico llega con Brokeback Mountain de Ang Lee en 2005, que sitúa una historia de amor entre dos hombres en el corazón del western, uno de los géneros más profundamente asociados al imaginario de la masculinidad estadounidense.

El impacto cultural fue inmediato: el cowboy, uno de los grandes símbolos del mito americano, aparecía ahora vinculado a una historia de amor entre hombres. Para parte del público y de la industria, aquella combinación resultaba incómoda precisamente por intervenir en uno de los iconos más sólidos del cine estadounidense.

La película se convirtió en fenómeno crítico y dominó la temporada de premios, pero perdió el Oscar a mejor película frente a Crash de Paul Haggis. Aquel resultado sigue siendo uno de los más debatidos de la historia reciente de la Academia. Más allá del premio, el contexto fue interpretado como reflejo de las tensiones culturales del momento y de la dificultad del sistema para coronar sin reservas una historia de amor entre dos hombres en el centro del canon hollywoodiense. Incluso figuras del cine clásico como Clint Eastwood expresaron en su momento ciertas reservas críticas hacia la película, lo que contribuyó a intensificar el debate público en torno a su recepción.

En la década siguiente, la evolución se vuelve más compleja y diversa. Blue Is the Warmest Colour (La vie d’Adèle) de Abdellatif Kechiche, ganadora de la Palma de Oro en Cannes en 2013, fue celebrada por su intensidad emocional y su retrato del deseo entre dos mujeres, aunque también generó debate por la mirada masculina del director y las controversias en torno a su producción.

Unos años antes y después, el cine también empieza a abordar con mayor visibilidad las experiencias trans. Boys Don’t Cry de Kimberly Peirce (1999) marcó un punto clave en este sentido: Hilary Swank interpreta a Brandon Teena, un joven trans cuya historia real terminó en tragedia. Su interpretación le valió el Oscar a mejor actriz, y la película abrió una conversación durísima sobre violencia, identidad y marginalidad.

Más adelante, Transamerica de Duncan Tucker (2005), con Felicity Huffman en el papel de una mujer trans que emprende un viaje inesperado al reencontrarse con su hijo, volvió a poner estas narrativas en el centro del cine independiente estadounidense y del debate cultural.

Unos años después, Carol de Todd Haynes (2015), director abiertamente gay, recupera el melodrama clásico para narrar una historia de amor entre mujeres en la América de los cincuenta. La película fue ampliamente aclamada por su sensibilidad y su construcción estética.

El punto culminante de esta evolución llega con Moonlight de Barry Jenkins en 2016, que gana el Oscar a mejor película en una de las ceremonias más recordadas de la historia reciente. Su victoria simboliza la entrada definitiva de una historia LGTBIQ+ en el centro del canon cinematográfico. Su recepción también generó debate en algunos sectores de la comunidad negra estadounidense, donde se discutieron ciertas representaciones culturales presentes en la película, mostrando que la diversidad de miradas dentro del propio colectivo también forma parte de la conversación.

A partir de ese momento, el cine contemporáneo consolida la presencia de estas narrativas en el centro de Hollywood. Call Me by Your Name de Luca Guadagnino en 2017 explora el deseo desde la memoria y la sensibilidad, mientras Love, Simon de Greg Berlanti en 2018 normaliza la experiencia del coming out dentro de una gran producción adolescente.

De los villanos codificados de décadas pasadas a los protagonistas contemporáneos, la ficción LGTBIQ+ ha recorrido un camino largo, irregular y profundamente político. Pero el cambio más importante no es solo su presencia en pantalla, sino su desplazamiento hacia el centro del relato cinematográfico.

Porque ya no se trata únicamente de existir en la ficción. Se trata de quién mira, desde dónde se mira y qué historias se consideran dignas de ocupar el canon de Hollywood.

viernes, 26 de junio de 2026

España mira a los Oscar: el año más competitivo de su historia reciente

 Hacía años que el cine español no llegaba a la carrera por el Oscar con un panorama tan abierto y, a la vez, tan potente. Tras la histórica presencia de Sirat en la última edición —con nominaciones en Mejor Película Internacional y Mejor Sonido—, la industria española vuelve a colocarse en el centro del mapa de Hollywood con una cosecha que combina autores consagrados, nuevos nombres y propuestas con verdadero potencial de campaña internacional.

La temporada comenzó con un golpe de efecto en el Festival de Cannes. No una, ni dos, sino tres producciones españolas compitieron en la Sección Oficial por la Palma de Oro: El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen; Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar; y La bola negra, de Los Javis. Su coincidencia en el festival ya era un acontecimiento poco habitual, pero la recepción internacional terminó de consolidar el momento. Especialmente La bola negra, que se convirtió en uno de los títulos más comentados del certamen tras recibir una ovación de veinte minutos y alzarse con el premio a la Mejor Dirección. Desde entonces, su nombre ha permanecido en todas las conversaciones sobre la temporada de premios.

Que tres películas españolas compartieran espacio en Cannes no solo refuerza su prestigio individual, sino que marca un punto de inflexión: la carrera al Oscar ya no depende de un único título fuerte, sino de una competencia interna de alto nivel. En ese contexto, la decisión de la Academia de Cine española será más compleja que en años anteriores.

Habitualmente, la preselección española para los Oscar se compone de tres películas, aunque en ocasiones excepcionales ha llegado a ampliarse a cuatro. Este año, salvo sorpresa, todo apunta a que las tres plazas principales se disputarán entre La bola negra, El ser querido y Amarga Navidad, con Los Domingos como alternativa real si se abre el abanico.

Las candidatas

La bola negra


Parte como la gran favorita. Netflix será la encargada de su distribución en Estados Unidos y planea convertirla en una de sus apuestas clave de la temporada, siguiendo estrategias similares a las de anteriores campañas de éxito. A ello se suma un reparto con nombres de enorme impacto internacional como Glenn Close y Penélope Cruz, además de una historia que combina romance, guerra e identidad en un relato con potencial de conexión emocional global.

Sin embargo, su principal riesgo es interno: su tono y su ambición estética podrían dividir a parte de la Academia española, más conservadora en sus elecciones de lo que a veces se asume.

El ser querido


El nuevo trabajo de Rodrigo Sorogoyen ha sido recibido con respeto crítico y admiración por su ambición narrativa. El drama familiar, centrado en la relación entre un director de cine y su hija actriz durante un rodaje marcado por el conflicto emocional, ha situado de nuevo a Javier Bardem en el centro de las conversaciones, con críticas que lo señalan como uno de sus mejores trabajos desde No Country for Old Men.

Su gran debilidad es clara: la falta de un distribuidor sólido en Estados Unidos, un factor determinante en la carrera al Oscar.

Amarga Navidad


Pedro Almodóvar regresa con una obra más introspectiva, centrada en el bloqueo creativo de un cineasta en busca de su próximo guion. Aunque ha sido bien recibida, no ha alcanzado el entusiasmo habitual asociado al director manchego. Su paso por Cannes fue correcto, pero sin el impacto de sus grandes títulos.

El riesgo aquí no es la calidad, sino el desgaste: incluso los autores más celebrados pueden quedar fuera cuando la respuesta internacional no es unánime.

Los Domingos


La gran alternativa silenciosa. La película de Alauda Ruiz de Azúa, ganadora de cinco premios Goya, narra la historia de Ainara, una joven de 17 años que decide ingresar en un convento de clausura en lugar de iniciar su vida universitaria, provocando un conflicto familiar marcado por la fe, la libertad y el deseo.

El año pasado no pudo entrar en la preselección por cuestiones de elegibilidad, pero ahora llega con un sólido recorrido internacional, buena recepción crítica y el respaldo de figuras como Isabelle Huppert. Su principal obstáculo es la visibilidad: compite con autores mucho más mediáticos en la escena global.

Un escenario excepcionalmente abierto

Película A favor En contra
La bola negra Netflix, Cannes, Glenn Close, Penélope Cruz División interna en la Academia
El ser querido Sorogoyen, Bardem, gran recepción crítica Sin distribución en EE. UU.
Amarga Navidad Prestigio de Almodóvar Respuesta más fría de lo esperado
Los Domingos Cinco Goya, impulso internacional Menor visibilidad mediática

Conclusión

La decisión de la Academia española este año será especialmente delicada. Rara vez ha coincidido una cosecha tan sólida, diversa y competitiva, con propuestas que abarcan desde el cine de autor más internacional hasta el drama íntimo y el gran relato de estudio.

Elegir solo una implicará inevitablemente dejar fuera títulos que, en cualquier otra temporada, habrían sido apuestas seguras. Y esa es, precisamente, la mejor señal del momento que vive el cine español: no falta una gran película… sobran candidatas de nivel internacional.

La carrera hacia Hollywood, este año, empieza en casa.

lunes, 22 de junio de 2026

La película que destruye la comedia romántica desde dentro

 Es de agradecer que, en plena temporada veraniega, llegue a los cines una película inteligente como The Drama, protagonizada por Robert Pattinson y Zendaya, dos estrellas capaces de atraer al gran público sin renunciar a una propuesta con más ambición de la que su campaña de marketing sugiere.

Aunque se haya vendido como una comedia romántica, esa etiqueta se queda corta. En realidad, estamos ante una tragicomedia con un guion lleno de capas y matices. La historia sigue a una joven pareja, exitosa, atractiva y aparentemente perfecta, que está a punto de casarse. Sin embargo, todo cambia cuando ella revela un secreto inconfesable. A partir de ese momento, no solo se tambalea la percepción que tienen sus amigos sobre la relación, sino también la del propio personaje interpretado por Robert Pattinson.

Ese giro introduce la verdadera naturaleza de la película: una reflexión incómoda sobre la moralidad dentro de una disección ácida de las convenciones de la comedia romántica. Es ahí donde The Drama se vuelve más interesante, porque deja de jugar con las expectativas del género para cuestionarlas directamente desde dentro.

La película explora las apariencias, los prejuicios y las contradicciones de una generación que presume de honestidad emocional, pero que no siempre está preparada para enfrentarse a la verdad. Lo hace con un tono satírico que oscila entre lo hilarante y lo incómodo, hasta el punto de generar una risa nerviosa en los momentos más tensos.

Zendaya ofrece probablemente su interpretación más compleja hasta la fecha. La película le exige transitar entre registros muy distintos, desde lo absurdo hasta lo trágico, y ella lo hace con una naturalidad que evita cualquier artificio. Hay una precisión constante en cómo sostiene la vulnerabilidad sin perder el control, incluso cuando su personaje parece desbordarse.

Robert Pattinson, por su parte, está sencillamente perfecto. A primera vista puede parecer un personaje contenido, incluso anodino, pero el giro lo transforma por completo. A partir de ahí, la película lo empuja hacia una deriva emocional cada vez más inestable, que termina siendo tan incómoda como fascinante, y en algunos momentos incluso deliberadamente cómica.

Es una transformación que el director filma con una evidente fascinación, como si disfrutara observando la descomposición progresiva de un personaje que al inicio parecía perfectamente estable.

Zendaya y Pattinson sostienen la película con una química extraordinaria, y es en ese choque entre ambos donde The Drama encuentra su verdadero pulso.

Una película ácida y satírica que desarma las reglas del género desde dentro, incómoda hasta el punto de incomodar al propio espectador, y lo bastante inteligente como para no ofrecer ninguna salida fácil. No busca gustar: busca incomodar, y en ese riesgo encuentra su fuerza.

sábado, 20 de junio de 2026

Obsession, el anti-romcom del año

 Procedente de YouTube y del cine independiente, Curry Barker da el salto definitivo al panorama cinematográfico con Obsession, su segundo largometraje y uno de los fenómenos sorpresa del año en Estados Unidos. Formado al margen de los circuitos tradicionales de la industria, Barker pertenece a una nueva generación de cineastas surgidos de internet que han encontrado en las plataformas digitales un espacio para desarrollar una voz propia antes de dar el salto a la gran pantalla.

Obsession parte de una premisa tan sencilla como inquietante: la de tener cuidado con aquello que deseas. Tomando como referencia el clásico cuento de La pata de mono, Barker construye una historia que comienza donde la mayoría de las comedias románticas suelen terminar. Su protagonista acaba de conseguir a la chica de sus sueños y parece haber alcanzado la felicidad absoluta. Sin embargo, lo que debería ser el final feliz se convierte en el inicio de una pesadilla.

Uno de los mayores aciertos de la película es la manera en que mezcla géneros. Barker vierte en el relato elementos de la comedia romántica, la comedia absurda juvenil, el fantástico y el terror psicológico, creando una propuesta fresca y sorprendentemente original. Durante su primer tramo, Obsession juega con los clichés de las historias románticas e incluso parece reírse de ellos, funcionando casi como una película anti-San Valentín. Pero poco a poco esa fantasía sentimental se va deformando hasta transformarse en una inquietante reflexión sobre la obsesión, la dependencia emocional y los peligros de idealizar a otra persona.

Gran parte de la eficacia del filme descansa en las interpretaciones de Michael Johnston e Inde Navarrette, que consiguen dotar de humanidad y credibilidad a una premisa que podría haber caído fácilmente en el exceso. Especialmente destacable es el trabajo de Navarrette, capaz de transitar de la emoción más contenida a una ironía casi desbordada en un mismo plano, en un registro emocional que descoloca constantemente al espectador. Su mirada, en muchos momentos, parece condensar una súplica silenciosa: la de alguien atrapado en una espiral emocional de la que no logra salir.

Si existe justicia en la próxima temporada de premios, su nombre debería formar parte de la conversación. Del mismo modo que interpretaciones de género como la de Amy Madigan en Weapons o la de Demi Moore en The Substance lograron abrirse paso en el debate crítico, Navarrette demuestra que algunas de las actuaciones más impactantes del año pueden encontrarse lejos de los dramas tradicionales que suelen monopolizar la atención de los premios.

Con Obsession, Curry Barker confirma el potencial de una generación de cineastas que ha crecido fuera del sistema industrial tradicional, pero que está encontrando en el género una vía de acceso cada vez más potente al gran público. La película juega constantemente con expectativas, emociones y códigos reconocibles para subvertirlos con inteligencia, convirtiendo una historia de amor en un descenso progresivo hacia lo perturbador.

Divertida, incómoda, romántica y angustiosa a partes iguales, Obsession deja tras de sí una reflexión inquietante sobre los límites entre el deseo, la obsesión y la idealización romántica, consolidándose como una de las propuestas de género más sugerentes del año.

sábado, 13 de junio de 2026

Disclosure Day: El retorno del asombro

 Disclosure Day llegaba envuelta en una oleada de entusiasmo crítico que hablaba incluso de la mejor película de Steven Spielberg en más de veinte años. Sinceramente, me parece una exageración difícil de sostener si uno mira su filmografía en perspectiva.

Spielberg venía además de dos títulos muy discutidos en términos de recepción popular: West Side Story y The Fabelmans. Ambas fueron celebradas por la crítica, pero me resultan obras desiguales: la primera, impecable en lo formal pero algo distante; la segunda, demasiado encerrada en la autoimagen del propio Spielberg.

La expectativa, por tanto, era clara: qué versión de Spielberg íbamos a encontrar ahora.

La película reúne de nuevo al director con David Koepp, uno de sus guionistas más recurrentes, con quien ha firmado desde Jurassic Park hasta War of the Worlds. En esta ocasión, Spielberg vuelve a uno de sus territorios más fértiles: los extraterrestres, un imaginario que ya definió en Close Encounters of the Third Kind y E.T. the Extra-Terrestrial.

La premisa parte de dos personas corrientes que descubren pruebas irrefutables de la existencia de vida extraterrestre y deciden sacar esa verdad a la luz tras décadas de ocultamiento. A partir de ahí, la película se mueve entre la conspiración, el miedo y la necesidad de confrontar aquello que desborda cualquier explicación racional.

Más allá del argumento, Disclosure Day vuelve a insistir en los grandes temas de Spielberg: la persona común enfrentada a lo imposible, la tensión entre verdad y poder, y la fragilidad de la creencia cuando el mundo se resiste a aceptar lo extraordinario.

El problema es que la película no arranca con la misma fuerza con la que termina. Su primera mitad es irregular, a veces errática, como si buscara el tono sin encontrarlo del todo. Pero en su último tramo ocurre lo que muchos esperaban: Spielberg activa su cine más reconocible.

La última hora es un ascenso constante hacia el asombro. El ritmo se ordena, la emoción aparece y la puesta en escena recupera ese impulso casi infantil por lo extraordinario que ha definido su mejor cine. Es ahí donde la película realmente cobra sentido.

Josh O’Connor y Emily Blunt sostienen el corazón del film como dos personas completamente normales empujadas a una situación que rompe cualquier lógica. O’Connor encarna la vulnerabilidad con una naturalidad muy efectiva, mientras que Blunt ofrece un arco más amplio: comienza desde una ligereza casi cotidiana, incluso con destellos de humor, para derivar hacia un territorio mucho más emocional. Ambos encajan bien en ese esquema tan spielbergiano de lo extraordinario filtrado a través de lo cotidiano.

Colman Domingo y Colin Firth completan el reparto con solidez, aportando gravedad y textura al mundo que rodea a los protagonistas sin robarles protagonismo.

En lo técnico, Janusz Kamiński vuelve a construir una imagen dominada por la dualidad entre luz y oscuridad. La fotografía trabaja el contraste constante, casi como una tensión moral del propio relato. Los reflejos en espejos, metales y superficies afiladas refuerzan una sensación de duplicidad que atraviesa toda la película. Es un trabajo visual muy controlado, muy consciente de su propia atmósfera.

La música de John Williams vuelve a funcionar como eje emocional, subrayando los momentos de mayor intensidad y reforzando esa idea de descubrimiento progresivo.

Disclosure Day no es la obra maestra que algunos han querido ver, pero tampoco una pieza menor dentro del cine reciente de Spielberg. Es una película desigual, que encuentra su verdadero valor cuando deja de tantear y se entrega a lo que mejor sabe hacer: convertir lo desconocido en emoción.

Y es en esa última hora, cuando todo encaja, donde vuelve a aparecer lo que realmente define a Spielberg: la capacidad de devolvernos el asombro.

Primeras reacciones a The Odyssey: Christopher Nolan irrumpe con fuerza en la carrera por los Oscars tras su premiere en Londres

 La carrera por los Oscars acaba de sumar a uno de sus primeros grandes protagonistas. Las primeras reacciones de periodistas y asistentes ...