HOPE (PERLAS)
¿Qué han visto festivales de renombre como Cannes y San Sebastián en "Hope" para situarla entre las películas más destacadas del año? Su presencia en la competición por la Palma de Oro despertó las críticas de los sectores más puristas, mientras que el Zinemaldia la recuperó en su sección Perlak. Más allá de la polémica que pueda generar su propuesta, la película de Na Hong-jin plantea una cuestión interesante: ¿hasta qué punto el estilo de un cineasta puede sostener una obra que termina desbordándose por sus propios excesos?
Asociado hasta ahora al thriller, el director surcoreano da un giro a su filmografía con una monster movie de dimensiones colosales que combina acción, ciencia ficción, gore, suspense y drama, salpicados por algún oportuno toque de humor que permite destensar una narración de más de dos horas y media. La historia nos sitúa en plena cacería, cuando los habitantes de una comunidad rural de Corea del Sur se enfrentan a una amenaza que pone en peligro su tranquilidad. A partir de ahí, el relato avanza entre la incertidumbre, el desconcierto y la lucha por sobrevivir.
Uno de los grandes aciertos de "Hope" es su manera de introducirnos en la historia. Na Hong-jin prescinde de largas explicaciones y presentaciones de personajes para lanzarnos directamente a la acción. Son sus reacciones ante el peligro las que nos permiten conocerlos, mientras el espectador comparte su desconcierto ante unos acontecimientos que escapan a su comprensión. Esta decisión favorece una inmersión inmediata y convierte el misterio en uno de los principales motores de la película.
Pero lo que realmente distingue a "Hope" no es tanto la naturaleza de sus criaturas como la habilidad de su director para construir situaciones de enorme tensión. La puesta en escena encuentra sus mejores momentos en las persecuciones en coche y a caballo, que atraviesan calles, carreteras y bosques con una energía arrolladora. El montaje, preciso y dinámico, y una banda sonora capaz de poner nervioso al más tranquilo contribuyen a crear secuencias en las que la acción se convierte en una experiencia casi física. Na Hong-jin demuestra que sabe manejar los espacios, dosificar la tensión y mantener al espectador pendiente de cada movimiento. Incluso cuando la película abraza lo grotesco, encuentra imágenes y situaciones capaces de sorprender.
Sin embargo, la ambición de Na Hong-jin termina pasándole factura. Sus más de dos horas y media no siempre están justificadas y, una vez que la película revela a sus monstruos y sus motivaciones, la sensación de sorpresa comienza a diluirse. El director parece empeñado en seguir estirando una historia que ya ha mostrado buena parte de sus cartas, prolongando situaciones que no siempre aportan nuevos elementos al conjunto. Es entonces cuando la película acusa cierta falta de contención, hasta desembocar en un desenlace atropellado que deja la impresión de que su autor no termina de encontrar la manera adecuada de poner punto final a su relato.
"Hope" está lejos de ser una obra redonda, pero sería injusto reducirla a sus excesos narrativos. Hay en ella una personalidad visual indiscutible, secuencias de una enorme fuerza y momentos de humor que revelan una mirada capaz de jugar con los códigos del género sin acomodarse a ellos. Puede que Na Hong-jin no siempre sepa cuándo detenerse, pero su cine tiene algo que muchas películas técnicamente impecables no consiguen: una identidad reconocible. Y algunas veces, el estilo es muy importante.













