sábado, 20 de junio de 2026

Obsession, el anti-romcom del año

 Procedente de YouTube y del cine independiente, Curry Barker da el salto definitivo al panorama cinematográfico con Obsession, su segundo largometraje y uno de los fenómenos sorpresa del año en Estados Unidos. Formado al margen de los circuitos tradicionales de la industria, Barker pertenece a una nueva generación de cineastas surgidos de internet que han encontrado en las plataformas digitales un espacio para desarrollar una voz propia antes de dar el salto a la gran pantalla.

Obsession parte de una premisa tan sencilla como inquietante: la de tener cuidado con aquello que deseas. Tomando como referencia el clásico cuento de La pata de mono, Barker construye una historia que comienza donde la mayoría de las comedias románticas suelen terminar. Su protagonista acaba de conseguir a la chica de sus sueños y parece haber alcanzado la felicidad absoluta. Sin embargo, lo que debería ser el final feliz se convierte en el inicio de una pesadilla.

Uno de los mayores aciertos de la película es la manera en que mezcla géneros. Barker vierte en el relato elementos de la comedia romántica, la comedia absurda juvenil, el fantástico y el terror psicológico, creando una propuesta fresca y sorprendentemente original. Durante su primer tramo, Obsession juega con los clichés de las historias románticas e incluso parece reírse de ellos, funcionando casi como una película anti-San Valentín. Pero poco a poco esa fantasía sentimental se va deformando hasta transformarse en una inquietante reflexión sobre la obsesión, la dependencia emocional y los peligros de idealizar a otra persona.

Gran parte de la eficacia del filme descansa en las interpretaciones de Michael Johnston e Inde Navarrette, que consiguen dotar de humanidad y credibilidad a una premisa que podría haber caído fácilmente en el exceso. Especialmente destacable es el trabajo de Navarrette, capaz de transitar de la emoción más contenida a una ironía casi desbordada en un mismo plano, en un registro emocional que descoloca constantemente al espectador. Su mirada, en muchos momentos, parece condensar una súplica silenciosa: la de alguien atrapado en una espiral emocional de la que no logra salir.

Si existe justicia en la próxima temporada de premios, su nombre debería formar parte de la conversación. Del mismo modo que interpretaciones de género como la de Amy Madigan en Weapons o la de Demi Moore en The Substance lograron abrirse paso en el debate crítico, Navarrette demuestra que algunas de las actuaciones más impactantes del año pueden encontrarse lejos de los dramas tradicionales que suelen monopolizar la atención de los premios.

Con Obsession, Curry Barker confirma el potencial de una generación de cineastas que ha crecido fuera del sistema industrial tradicional, pero que está encontrando en el género una vía de acceso cada vez más potente al gran público. La película juega constantemente con expectativas, emociones y códigos reconocibles para subvertirlos con inteligencia, convirtiendo una historia de amor en un descenso progresivo hacia lo perturbador.

Divertida, incómoda, romántica y angustiosa a partes iguales, Obsession deja tras de sí una reflexión inquietante sobre los límites entre el deseo, la obsesión y la idealización romántica, consolidándose como una de las propuestas de género más sugerentes del año.

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