martes, 7 de abril de 2026

Pedro Almodóvar y Cannes: una historia de amor, rechazo y reconocimiento que nunca termina

La relación entre Pedro Almodóvar y el Festival de Cannes es un amor–odio de manual.

Todo empieza con un rechazo. En 1988, Mujeres al borde de un ataque de nervios se queda fuera de Cannes… pero luego va a Venecia, donde gana el premio al Mejor Guion y se convierte en un fenómeno internacional. Cannes no la vio… pero el mundo sí. Ahí nace la grieta.

Antes incluso de La flor de mi secreto, Tacones lejanos (1991) ya había tenido un enorme éxito en Francia: aclamada por público y crítica, gana el César a la Mejor Película Extranjera. Por eso sonó extraño que, en 1995, La flor de mi secreto fuera ignorada por Cannes, a pesar de ser clave en la maduración artística de Almodóvar. Hoy es una pieza fundamental de su filmografía, pero entonces el festival la dejó pasar.

El giro llega en 1999. Todo sobre mi madre entra por fin en Cannes: Almodóvar gana Mejor Dirección y la película arrasa… pero la Palma de Oro se la lleva Rosetta de Jean‑Pierre y Luc Dardenne. Reconocimiento sí, coronación no, y siempre rodeado de especulaciones sobre la decisión del jurado.


En 2004, Cannes da un paso más: La mala educación inaugura el festival, siendo la primera película española en hacerlo. Quentin Tarantino, jurado aquel año, le dice a Almodóvar: “This is a fucking masterpiece— I don’t understand why it wasn’t in competition.” Almodóvar ya no es el director ignorado; es una figura central, admirada por colegas y críticos.

Dos años después, Volver llega como una de las grandes favoritas. Se lleva Mejor Guion y el premio a Mejor Actriz para todo su elenco femenino. De nuevo, el reconocimiento es total… pero la Palma de Oro vuelve a escaparse.


Tras consolidar su estatus en Cannes, películas como Los abrazos rotos, La piel que habito, Julieta o Dolor y gloria refuerzan su lugar como autor imprescindible en la Croisette. En esta última, Antonio Banderas ganó el premio a Mejor Actor, un reconocimiento histórico que subraya el talento y la fuerza de la colaboración entre director y actor. Cannes lo celebra… pero nunca lo corona.


Un hito aparte es su paso por el propio jurado del festival. En 2017 Almodóvar fue presidente del jurado de la 70ª edición, liderando un grupo que finalmente otorgó la Palma de Oro a The Square de Ruben Östlund. Ese año hubo una escena emotiva cuando Almodóvar defendió 120 latidos por minuto (una película sobre la lucha contra el sida en los años 80) y expresó que había sido uno de los trabajos más importantes que había visto; muchos interpretaron que él habría querido verla coronada como Palma de Oro.

Entonces llega el cambio de rumbo en su estrategia de festivales. Cansado —o en otra etapa—, Almodóvar mira fuera. Estrena Madres paralelas en Venecia, donde Penélope Cruz gana la Copa Volpi, y después La habitación de al lado, que se lleva el León de Oro. Cannes se enfada: no le gusta que sus joyas se estrenen primero en otro festival. Pero Thierry Frémaux, director del Festival de Cannes, deja claro que quiere que Almodóvar vuelva a la competición y reabra su relación con la Croisette.

En 2023, esa relación se ve en un nuevo contexto con Extraña forma de vida, un cortometraje western escrito y dirigido por Almodóvar, presentado en la Sección Oficial fuera de competición, protagonizado por Pedro Pascal y Ethan Hawke.


Cannes nunca le dio la Palma de Oro, pero el reconocimiento, de una forma u otra, siempre llegó. Con Amarga Navidad —un melodrama que explora los límites de creación de un director en torno a la Navidad— Almodóvar se prepara para abrir un nuevo capítulo en su historia con la Croisette.

Para muchos franceses… y también para muchos españoles, sigue siendo un misterio: Pedro Almodóvar, con dos César, un César honorífico y la Legión de Honor, nunca ha recibido la Palma de Oro. Su ausencia del máximo premio de Cannes desconcierta incluso a sus admiradores más fieles.

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