Es una maravilla que, rozando ya los 90 años y en un año en el que recibirá el Oscar honorífico, Ridley Scott siga tan activo y continúe rodando con una regularidad que ya quisieran muchos cineastas mucho más jóvenes. Hay quien considera que esa actividad nos lleva a una de cal y otra de arena, pero también hay algo admirable en esa necesidad de seguir contando historias. Ahora vuelve con The Dog Stars, adaptación de la novela superventas de Peter Heller.
Estamos ante una historia postapocalíptica con ecos de western crepuscular. Un mundo devastado en el que Hig (Jacob Elordi) vive aislado en las montañas junto a su perro y Bangley (Josh Brolin), un militar de malas pulgas con quien comparte supervivencia. Hig pilota su avioneta hasta la ciudad para conseguir alimentos y otros recursos, exponiéndose a los peligros de un territorio en el que apenas quedan seres humanos. Pero un suceso dramático le obligará a abandonar su aislamiento y aventurarse más allá de los límites que hasta entonces se había impuesto.
Aunque Scott recurre a algunos tópicos del género, lo que realmente le interesa es detenerse en quienes habitan ese mundo. Se toma su tiempo para conocerlos y, de paso, construir una atmósfera en la que la amenaza está siempre presente. El ritmo es pausado y exige cierta paciencia, pero la recompensa llega. El director confía en que nos quedemos con sus protagonistas, que habitemos ese paisaje con ellos y que sintamos el peligro antes incluso de que aparezca.
Porque, aunque el mundo se haya ido a tomar por culo, todavía queda humanidad. Hay personas empáticas, amorosas y capaces de preocuparse por los demás incluso cuando todo a su alrededor se ha derrumbado. Frente a quienes han perdido cualquier rastro de humanidad, Scott se interesa por aquellos que intentan sobrevivir sin renunciar a ella.
Me gusta especialmente el arco de Hig, un hombre que lo ha perdido prácticamente todo y que apenas conserva esperanza, pero que poco a poco encuentra una luz en las personas que va conociendo y junto a las que continúa luchando. Es un recorrido muy bonito porque, en el fondo, The Dog Stars termina siendo menos un relato sobre el fin del mundo que sobre aquello que nos hace querer seguir viviendo cuando parece que todo ha terminado.
Jacob Elordi está correcto en el papel protagonista, aunque en determinados momentos queda eclipsado por quienes le rodean. Josh Brolin, Guy Pearce y Margaret Qualley aportan una personalidad y una presencia especialmente atractivas y consiguen dotar de mucho peso al reparto secundario.
Scott dirige sin necesidad de grandes alardes, aunque todavía encontramos momentos en los que demuestra que el virtuosismo sigue ahí. La escena en la que Brolin se enfrenta a unos atacantes tiene una fuerza extraordinaria, mientras que el episodio protagonizado por Allison Janney está envuelto en una atmósfera que parece sacada de otra película y que aporta al conjunto una cualidad extraña y fascinante.
Y quizá lo que más pena me da es comprobar que este tipo de cine comercial para adultos parece estar cada vez más en peligro de extinción. Obras que no necesitan correr, que confían en sus protagonistas, que construyen una atmósfera y permiten al espectador entrar poco a poco en su mundo tienen cada vez menos espacio. La recepción crítica me parece excesivamente dura y tampoco parece que el público esté acudiendo en masa a verla.
The Dog Stars no es una de las grandes películas de Ridley Scott, pero tampoco necesita serlo. Es una buena película, con personalidad y, sobre todo, una buena noticia. Porque mientras Scott siga teniendo ganas de rodar, quizá todavía haya espacio para este tipo de cine: adulto, comercial, pausado y sin miedo a tomarse su tiempo. Y a estas alturas, que Ridley Scott siga haciendo películas como esta es, en sí mismo, motivo de celebración.



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