miércoles, 15 de abril de 2026

Carmen Maura y Pedro Almodóvar: una historia de creación, ruptura y reencuentros

 En 2018, durante la entrega del Fotogramas de Plata de Honor a Carmen Maura, Pedro Almodóvar volvió públicamente al origen de una de las relaciones más influyentes del cine español.

Recordó su primer encuentro en el teatro Eslava, durante una función de Las manos sucias de Jean-Paul Sartre, a finales de los años setenta. Ella era la protagonista; él, un actor con un papel secundario. Desde aquel momento, Almodóvar supo que quería trabajar con ella.

Lo que Maura ha recordado con más frecuencia de aquella etapa no es solo el inicio profesional, sino la sensación de entrar en un universo creativo en plena ebullición. La imaginación del director, su forma de narrar historias y la intensidad con la que concebía cada proyecto marcaban todo el proceso. En ese contexto surgieron sus primeras colaboraciones, en plena efervescencia de la Movida madrileña, con Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, una producción casi artesanal en la que Maura llegó incluso a implicarse en la búsqueda de financiación.

A partir de ahí se consolidó una de las alianzas más importantes del cine español de los años ochenta, con títulos como Entre tinieblas, ¿Qué he hecho yo para merecer esto? y La ley del deseo.

La tensión acumulada terminó estallando durante el rodaje de Mujeres al borde de un ataque de nervios, que acabó convirtiéndose en un fenómeno internacional. La película pasó por el Festival de Venecia y posteriormente arrasó en los Premios Goya, donde obtuvo múltiples galardones, incluyendo el de Mejor Actriz para Carmen Maura. Además, fue nominada al Oscar a Mejor Película Extranjera en 1989.

Pero el éxito no apaciguó la relación. En la ceremonia de los Premios Oscar de 1989, un gesto terminó de marcar la distancia: mientras el acceso principal se reservaba para director y protagonista, Almodóvar acudió acompañado de Bibiana Fernández, dejando a Maura con el resto del equipo en la platea. El episodio se interpretó como un desaire definitivo.

La ruptura fue inmediata: dejaron de hablar y de trabajar juntos.

El primer intento de acercamiento llegó en los Premios Goya de 1990, una gala en la que Carmen Maura ejercía como presentadora junto a Andrés Pajares. En ese contexto, la presencia de Pedro Almodóvar tuvo un fuerte valor simbólico.

Almodóvar apareció en el escenario con un fragmento del muro de Berlín junto a Loles León. Su mensaje era claro: si el muro de Berlín había caído en 1989, el que los separaba también podía hacerlo. Hubo abrazo público, pero no una reconciliación real.

En 1995, Almodóvar volvió a pensar en ella para La flor de mi secreto, ofreciéndole el papel de Leo Macías. También se consideraron nombres como Ana Belén y Esperanza Roy, pero Maura rechazó el proyecto, al no sentirse identificada con el personaje y por no querer revivir determinadas tensiones del pasado. El papel acabaría siendo interpretado por Marisa Paredes.

En septiembre de 1999, en plena etapa de distanciamiento entre ambos, Carmen Maura viajó hasta Calzada de Calatrava (Ciudad Real) para acompañar a Pedro Almodóvar tras el fallecimiento de su madre, Francisca Caballero.

El gesto tuvo un fuerte valor simbólico dentro de una relación marcada por los desencuentros profesionales y la distancia personal. Más allá de las diferencias acumuladas, supuso un momento de apoyo íntimo y discreto que recordó que, incluso en los periodos más fríos, el vínculo entre ambos no había desaparecido del todo.⁷⁷

El reencuentro llegó finalmente con Volver. El rodaje fue más sereno, profesional y sin la carga emocional de décadas anteriores. En esta ocasión, el paso por el Festival de Cannes volvió a ser significativo, y la película obtuvo reconocimiento internacional.

En los Premios Goya, Carmen Maura fue premiada como Mejor Actriz de Reparto, en un reconocimiento que cerraba simbólicamente el círculo de su regreso al universo Almodóvar.

Años después, Maura afirmó que no se sintió del todo cómoda en el Festival de Cannes, donde la película fue reconocida con premios importantes en 2006. La respuesta de Agustín Almodóvar fue tajante: “Tranquila, Carmen, no te volveremos a llamar”.

Aun así, el tiempo terminó por suavizar parte del relato. En 2018, Almodóvar le entregó el Fotogramas de Honor y recordó aquel primer encuentro en el teatro Eslava a finales de los setenta, cerrando simbólicamente un círculo vital y creativo.

Porque si algo define la relación entre Carmen Maura y Pedro Almodóvar es precisamente eso: una alianza irrepetible, hecha de admiración y choque, de creación y distancia, que dejó algunas de las películas más importantes del cine español y un legado artístico imposible de entender sin sus luces y sus grietas.

Amarga Navidad es más libre que Dolor y gloria

 En el cine de Pedro Almodóvar hay una constante cada vez más evidente: la autobiografía como forma de creación. Tanto Dolor y gloria como Amarga Navidad pueden leerse desde esa clave, pero no funcionan igual ni buscan el mismo tipo de exposición.

Ambas obras parten de un mismo impulso: la necesidad de mirar hacia dentro. Sin embargo, difieren en la forma en la que articulan esa exposición. En una predomina la memoria ordenada; en la otra, la fragmentación y la ficción como herramientas narrativas.

Dolor y gloria es la formulación más directa del autorretrato en la obra reciente de Almodóvar. A través de Salvador Mallo, el director construye una autobiografía emocional donde la memoria, la enfermedad, la infancia y la creación cinematográfica se organizan en un relato de reconciliación. Es una película contenida, de tono más solemne, donde el dolor se procesa desde la distancia del recuerdo.

La figura materna ocupa un lugar central en ese tejido: la madre aparece como origen emocional y como eje de la construcción identitaria del protagonista. La pérdida no es solo biográfica, sino estructural dentro del relato.

En ese sentido, la película tiende a una forma cerrada de expresión, donde cada elemento parece cuidadosamente integrado en una arquitectura emocional muy controlada.

Amarga Navidad, en cambio, se plantea como un dispositivo más abierto. Su interés no reside únicamente en la autobiografía directa, sino en su desplazamiento hacia la ficción, el metacine y la mezcla de registros. Drama, melodrama y elementos de suspense conviven sin jerarquía, lo que permite una aproximación más fragmentaria al universo personal del autor.

Esa libertad formal se traduce también en una mayor complejidad en la exposición emocional. No se trata tanto de ordenar la experiencia vital como de descomponerla en distintas capas narrativas.

En este contexto, el film puede leerse como una relectura de la propia filmografía de Almodóvar. Sus personajes femeninos condensan líneas ya presentes en su obra anterior:

Bárbara Lennie remite a la figura de Amanda Gris en La flor de mi secreto, incorporando además una dimensión de pérdida materna que conecta directamente con el universo emocional de Dolor y gloria.

El personaje de Milena Smit retoma el eje del duelo materno-filial presente en Todo sobre mi madre.

Victoria Luengo se inscribe en la tradición de mujeres atravesadas por el abandono, la traición o la reconfiguración de sus vínculos afectivos, recurrentes en su cine.

Más que una suma de referencias, lo que propone Amarga Navidad es una reorganización de ese imaginario femenino dentro de una estructura menos lineal.

La presencia de la figura materna atraviesa ambas obras, aunque con funciones distintas: en Dolor y gloria actúa como origen y memoria fundacional; en Amarga Navidad, como una presencia más difusa, integrada en distintos niveles del relato.

Por eso, la diferencia entre ambas no es temática, sino formal. Dolor y gloria articula una autobiografía cerrada, construida desde la memoria. Amarga Navidad propone una aproximación más dispersa, donde la experiencia personal se filtra a través de la ficción y de la superposición de registros narrativos.

martes, 14 de abril de 2026

Incontrolable (I Swear): Robert Aramayo en estado de gracia

 Incontrolable (I Swear) se sitúa en esa tradición del cine británico que apuesta por el realismo emocional sin subrayados, construyendo relatos íntimos sobre vidas marcadas por la incomprensión. Una película que combina dureza y calidez con una naturalidad poco frecuente, apoyándose en una historia inspirada en hechos reales.

El relato toma como referencia la vida de John Davidson, diagnosticado a los 15 años con el síndrome de Tourette, una condición neurológica que durante años fue poco comprendida y socialmente estigmatizada. Su adolescencia estuvo marcada por el aislamiento y la incomprensión, en una época en la que el desconocimiento pesaba más que la empatía.

Con el tiempo, Davidson transformó esa experiencia en una forma de activismo, dando visibilidad a la condición y defendiendo a quienes vivían situaciones similares, convirtiendo su historia en un testimonio de resistencia frente al estigma.

Kirk Jones se mueve aquí dentro de una tradición muy reconocible del cine británico: historias de pequeñas vidas atravesadas por la dificultad, tratadas sin artificio ni condescendencia. Su enfoque evita tanto el dramatismo exagerado como la simplificación emocional, apostando por una puesta en escena contenida.

En el centro de todo, Robert Aramayo sostiene la película con una interpretación de gran exigencia física y emocional, construida desde el matiz más que desde el impacto evidente. El reparto acompaña con solidez, reforzando la sensación de un entorno humano creíble y coherente.

Es cierto que en algunos momentos la película puede resultar previsible en su desarrollo, pero incluso dentro de esa previsibilidad encuentra su fuerza. Porque cuando la ejecución es honesta y las interpretaciones están tan bien sostenidas, el camino importa menos que la verdad emocional que transmite.



Las chicas de Almodóvar: el club que el Oscar nunca entendió

 Durante años, el cine de Pedro Almodóvar ha construido algunos de los personajes femeninos más potentes, complejos y memorables del cine contemporáneo. Y, sin embargo, la Academia apenas los ha mirado.

Solo dos intérpretes han conseguido entrar en los Oscar trabajando bajo su dirección: Penélope Cruz, con dos nominaciones por Volver y Madres paralelas, y Antonio Banderas por Dolor y gloria. Un dato que, más que anecdótico, resulta desconcertante si se pone en contexto.

Porque no estamos hablando de casos aislados. Estamos hablando de interpretaciones como las de Carmen Maura, Marisa Paredes, Cecilia Roth o Victoria Abril, que entre los 80 y los 90 definieron el cine europeo sin que Hollywood llegara siquiera a considerarlas seriamente.

En aquella época, las reglas eran otras. El Oscar era un territorio profundamente anglosajón, donde una interpretación en otro idioma necesitaba algo más que excelencia para existir: necesitaba visibilidad, campaña o directamente ser una excepción.

Carmen Maura fue el primer gran pilar del universo femenino de Pedro Almodóvar. En Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) interpreta a Pepa, una mujer en pleno colapso emocional dentro de una comedia frenética que la convirtió en icono internacional y le valió el premio a Mejor Actriz Europea. En Volver (2006), como Irene, regresa al universo Almodóvar desde otro lugar, el de la memoria, la culpa y los secretos familiares, con un registro completamente distinto.

Marisa Paredes encarna el lado más elegante y trágico del cine de Almodóvar. En Tacones lejanos (1991) es Becky del Páramo, una diva distante atrapada en una relación fracturada con su hija entre el ego artístico y la herida emocional. En La flor de mi secreto (1995) interpreta a Leo Macías, una escritora en crisis vital que intenta sostener su identidad mientras su vida se desmorona. Es una interpretación de contención y desgaste emocional que encajaría perfectamente en los códigos clásicos del Oscar.

Cecilia Roth sostiene Todo sobre mi madre (1999) como Manuela, una enfermera que pierde a su hijo y emprende un viaje marcado por el duelo, la identidad y la reconstrucción emocional. Es una interpretación central, absoluta, construida desde el dolor continuo y la transformación. Con la mirada actual de la Academia, es difícil imaginar que un trabajo así pudiera pasar desapercibido.

Victoria Abril interpreta a Rebeca en Tacones lejanos (1991), una mujer atrapada entre la figura de su madre y su propio vacío emocional. Es un melodrama llevado al extremo, donde el exceso no es un recurso sino el lenguaje del personaje. Una actuación intensa y deliberadamente desbordada, difícil de encajar en los códigos más contenidos del Oscar de los años 90.

Emma Suárez interpreta a la Julieta adulta en Julieta (2016), una mujer marcada por la ausencia, la culpa y la desaparición de su hija. Es una interpretación completamente interior, sostenida en silencios y emociones contenidas. Sin embargo, la campaña internacional no supo posicionarla con fuerza y el foco se desplazó parcialmente hacia la versión joven del personaje interpretada por Adriana Ugarte, diluyendo su impacto en la temporada de premios.

Julianne Moore y Tilda Swinton protagonizan La habitación de al lado (2024), una historia sobre la amistad, la enfermedad y la decisión sobre el final de la vida. Moore interpreta a una escritora que se reencuentra con una antigua amiga en un momento límite marcado por una enfermedad terminal. Swinton encarna a esa amiga, una mujer que afronta su proceso final con lucidez y la determinación de decidir cómo quiere despedirse del mundo. La película se desarrolla como un duelo íntimo entre ambas, donde la conversación, la memoria y la despedida estructuran un relato emocional contenido. En el contexto de la temporada de premios, se llegó a rumorear que Tilda Swinton podía competir en la categoría de actriz de reparto, mientras que Julianne Moore se posicionaba como protagonista. Sin embargo, finalmente ambas fueron presentadas en la categoría de mejor actriz, una decisión que terminó perjudicando la visibilidad de su campaña y que, en términos estratégicos, restó opciones a las dos interpretaciones dentro de la carrera al Oscar.

El tiempo, sin embargo, no ha detenido la conversación. Si algo demuestra la trayectoria de Pedro Almodóvar es que su cine sigue generando interpretaciones capaces de entrar en la conversación de premios, incluso en una Academia cada vez más global.

Amarga Navidad se construye a partir de la historia de un director de cine que toma como inspiración un hecho real ocurrido en la vida de su secretaria para transformarlo en una obra de ficción. A partir de ese punto de partida, la película articula un universo marcado por mujeres atravesadas por la pérdida, el duelo, las crisis vitales y los reencuentros dolorosos, donde la realidad y la ficción se entrelazan constantemente.

En ese contexto, Aitana Sánchez-Gijón y Bárbara Lennie forman parte de un conjunto interpretativo que ha sido señalado por la crítica como uno de los elementos más destacados del proyecto.

Y en ese sentido, sus interpretaciones podrían haber entrado perfectamente en la conversación de la temporada de premios. Porque si algo deja claro este recorrido es que el universo femenino de Almodóvar siempre ha estado más cerca del reconocimiento de lo que la Academia ha estado de ellas.




lunes, 13 de abril de 2026

Aitana Sánchez-Gijón: el regreso de una intérprete imprescindible

 Aitana Sánchez-Gijón es una de las actrices españolas más reconocidas dentro y fuera de Europa, con una trayectoria que en los años noventa llegó incluso a coquetear con el cine de Hollywood. Su debut en la industria estadounidense se produjo con Un paseo por las nubes (Alfonso Arau), donde compartía protagonismo con Keanu Reeves en un drama romántico de época ambientado entre viñedos y marcado por el tono clásico y luminoso del cine comercial de la década. Anthony Quinn completaba un reparto de primer nivel en una producción de gran alcance internacional.

En el cine español, Sánchez-Gijón ha desarrollado una filmografía sólida y coherente, trabajando con algunos de los nombres esenciales de la industria. Ha colaborado con directores como Bigas Luna, Vicente Aranda, Imanol Uribe, Fernando Colomo o Manuel Gutiérrez Aragón, además de haber transitado con naturalidad por el cine europeo y latinoamericano. Una carrera que combina el cine de autor con proyectos de mayor visibilidad sin perder nunca una identidad interpretativa reconocible.

Dentro de ese recorrido destacan especialmente sus trabajos con Bigas Luna en títulos como La camarera del Titanic y Volaverunt, dos películas donde su presencia refuerza el universo simbólico, sensual y estilizado del director. También es especialmente relevante su colaboración con Vicente Aranda en Celos, donde construye un personaje atravesado por la obsesión, la fragilidad emocional y la tensión psicológica. Son interpretaciones que confirman una constante en su carrera: la de una actriz de gran rigor, capaz de habitar territorios dramáticos complejos con precisión y contención.

Más allá del cine, su trabajo en teatro ha sido una parte fundamental de su trayectoria, consolidando una versatilidad que le ha permitido alternar con solvencia entre el escenario y la pantalla. Esa dimensión escénica ha reforzado una identidad interpretativa muy física y profundamente emocional.

En los últimos años, su nombre ha vuelto a situarse en primer plano gracias a su colaboración con Pedro Almodóvar. Primero con Madres paralelas, que le valió su primera nominación al Goya, y más recientemente con Amarga Navidad. En este nuevo trabajo, su interpretación vuelve a destacar con fuerza, situándola en un momento especialmente significativo de su carrera.

Es en Amarga Navidad donde Sánchez-Gijón encuentra uno de los papeles más intensos de su trayectoria reciente. Interpreta a una secretaria humillada por un director de cine que instrumentaliza la vida privada de su entorno como material creativo, construyendo un retrato de violencia emocional contenida y desigualdad de poder. Una actuación de enorme densidad dramática que, por su fuerza y complejidad, se instala con naturalidad en la conversación de la temporada de premios, con potencial incluso para trascender el circuito nacional.

Su recorrido la sitúa también en el foco de los Goya, en un contexto que invita a pensar en precedentes dentro del propio universo Almodóvar. El caso de Antonio Banderas resulta especialmente significativo: tras trabajos como La piel que habito, no obtuvo reconocimiento inmediato en forma de premio, pero acabó recibiendo el Goya de Honor y, posteriormente, el Goya a mejor actor protagonista por Dolor y gloria. Un recorrido que ilustra cómo la industria a veces reordena sus reconocimientos con el tiempo.

Ese tipo de trayectoria abre una lectura interesante para el presente de Aitana Sánchez-Gijón. Si Amarga Navidad confirma lo que su interpretación ya sugiere, no sería extraño que su nombre entre de lleno no solo en la conversación de los Goya, sino también en un circuito internacional de premios.

Porque su carrera, vista en perspectiva, está marcada por una paradoja constante: una actriz de enorme consistencia y regularidad interpretativa que no siempre ha recibido el reconocimiento acorde al nivel de sus trabajos en el momento en que estos se estrenaban. Incluso ocupó un papel institucional relevante como directora académica de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, reforzando su vínculo con la estructura cultural del cine español desde dentro.

En definitiva, Aitana Sánchez-Gijón encarna el perfil de una intérprete de largo recorrido, capaz de atravesar distintas etapas del cine español sin perder vigencia, y que hoy vuelve a situarse en un punto de máxima atención crítica. Un nombre que, quizá, esté viviendo uno de los momentos más interesantes —y más reconocidos— de toda su carrera.

domingo, 12 de abril de 2026

Carmen Maura: un icono del cine europeo en plena vigencia

 Carmen Maura vuelve a situarse en el centro del foco cinematográfico con Calle Málaga, una película que la ha llevado a recorrer algunos de los festivales más importantes del mundo, de Venecia a Toronto, pasando por Berlín y Málaga. En ella, la actriz encarna a una mujer española en la madurez que vive en Marruecos, en uno de esos papeles llenos de matices que vuelven a recordarnos por qué sigue siendo una figura imprescindible del cine europeo.

No hablamos solo de una carrera longeva, sino de una trayectoria avalada por algunos de los mayores reconocimientos del cine: el premio a Mejor Actriz en el Festival de Cannes por Volver, dos galardones de la Academia del Cine Europeo más su Premio de Honor, el César a Mejor Actriz de Reparto, cuatro premios Goya, además de la Concha de Plata y el Premio Donostia en el Festival de San Sebastián, Premio Nacional de Cinematografía... A todo ello se suma la Orden de las Artes y las Letras en Francia, una de las distinciones culturales más importantes del país. Un palmarés que confirma lo evidente: Carmen Maura no es solo historia del cine, sigue siendo presente.

Una actriz que ha trabajado con los grandes

A lo largo de su carrera, Carmen Maura ha trabajado con algunos de los directores más importantes del cine español y europeo. Entre ellos destacan Pedro Almodóvar, Fernando Trueba, Álex de la Iglesia y Carlos Saura, con quienes ha construido una filmografía clave para entender el cine español contemporáneo.

Su talento también ha traspasado fronteras, trabajando con cineastas internacionales como Francis Ford Coppola o el director francés Philippe Le Guay, con quien participó en Las chicas de la sexta planta, una película que tuvo una excelente acogida en Francia y reforzó su proyección dentro del cine europeo.

No es exagerado decir que encarna una de las figuras interpretativas más sólidas del cine europeo: una actriz capaz de habitar cualquier registro con naturalidad, sin necesidad de subrayados. Y en ese recorrido internacional, siempre queda la sensación de que su trayectoria podría haber tenido incluso un eco más amplio en ciertos reconocimientos mayores, como el Oscar, especialmente tras Volver, donde su trabajo volvió a situarla en el centro del mapa mundial del cine.

El punto de partida: la mirada del público

Con motivo del estreno de Calle Málaga, pedí a mis seguidores en X que elaboraran su propio ranking con un top 5 de las mejores interpretaciones de Carmen Maura. La respuesta fue inmediata y entusiasta, confirmando la enorme conexión entre la actriz y el público, y cómo su filmografía sigue generando debate, emoción y memoria colectiva.

A partir de esas votaciones, el ranking final quedó así:

1. Mujeres al borde de un ataque de nervios (Pedro Almodóvar, 1988)

Carmen Maura interpreta a Pepa, una mujer abandonada por su amante que entra en una espiral emocional entre el caos y la comedia. Su trabajo fue clave en el salto internacional del cine de Almodóvar, con una interpretación que la crítica destacó por su equilibrio entre humor y melodrama. Obtuvo el Premio Goya a la Mejor Actriz y el Premio del Cine Europeo.

2. ¡Ay, Carmela! (Carlos Saura, 1990)

Maura interpreta a Carmela, una actriz de varietés durante la Guerra Civil española. Su interpretación destaca por la transición entre comedia y tragedia, especialmente en el tramo final, considerado uno de los más intensos de su carrera. Recibió el Premio Goya a la Mejor Actriz y el reconocimiento de la Academia del Cine Europeo.

3. La comunidad (Álex de la Iglesia, 2000)

En el papel de Julia, una agente inmobiliaria atrapada en una trama de codicia y vecinos, Maura firma una interpretación de enorme energía y precisión en la comedia negra. Ganó el Premio Goya a la Mejor Actriz y el reconocimiento en el Festival Internacional de San Sebastián.

4. Qué he hecho yo para merecer esto (Pedro Almodóvar, 1984)

Interpreta a Gloria, una mujer atrapada en la precariedad y la rutina en un Madrid opresivo. Es una de sus interpretaciones más crudas y naturalistas dentro de la etapa inicial de Almodóvar, clave en la construcción de su universo cinematográfico.

5. La ley del deseo (Pedro Almodóvar, 1987)

Maura interpreta a Tina, una mujer transexual, en un personaje complejo dentro del universo más transgresor de Almodóvar. Su interpretación fue destacada por su valentía y naturalidad en un papel adelantado a su tiempo, dentro de una película de culto del cine europeo.

Epílogo

Estos cinco papeles no solo representan algunas de las mejores interpretaciones de Carmen Maura: también dibujan el recorrido de una carrera que ha sabido moverse entre la comedia, el drama y la transgresión sin perder nunca autenticidad ni personalidad.

Una filmografía que no pertenece únicamente al pasado, sino que sigue dialogando con el presente. Y que ahora, con Calle Málaga, vuelve a confirmar que Carmen Maura sigue ocupando un lugar central en la historia del cine.



sábado, 11 de abril de 2026

Ari Aster disecciona la América post-Trump en Eddington

 A lo largo de apenas cuatro películas, Ari Aster ha pasado de ser una promesa del terror a convertirse en uno de los cineastas más reconocibles del cine contemporáneo de autor.

Su debut, Hereditary, fue aclamado por crítica y público y ya se considera uno de los grandes títulos del terror moderno. Con Midsommar consolidó su estilo, aunque iniciando una división de opiniones que se ha mantenido en el resto de su filmografía.

Esa línea se acentúa con Beau Is Afraid, su primera colaboración con Joaquin Phoenix, que repite ahora en Eddington, una obra excesiva, incómoda y claramente divisiva que confirma su apuesta por un cine cada vez más radical.

En esta ocasión, Aster abandona el terror para construir un western contemporáneo de corte político, situado en un pequeño pueblo de Nuevo México atravesado por tensiones sociales constantes.

El relato se articula en torno al enfrentamiento entre el sheriff del condado, interpretado por Joaquin Phoenix, y el alcalde, al que da vida Pedro Pascal. Su conflicto funciona como eje central de la película y como reflejo de dos formas opuestas de entender el poder y la comunidad.

Aster se adentra progresivamente en la vida del pueblo, retratando a sus habitantes y un clima de desconfianza creciente donde lo personal y lo político terminan contaminándose mutuamente.

En ese contexto, la película articula una crítica directa al papel de las redes sociales, capaces de amplificar rumores, distorsionar la realidad y convertir cualquier conflicto en una espiral incontrolable.

Ari Aster encuentra en Joaquin Phoenix su gran pilar interpretativo, y aquí está sencillamente inmenso. Construye un sheriff inicialmente pasivo, cuestionado por parte del pueblo, que evoluciona hacia una figura cada vez más combativa, marcada por la frustración y la violencia contenida.

Phoenix sostiene ese arco con una interpretación precisa y magnética, modulando cada transformación sin excesos.

Los personajes secundarios, en cambio, quedan en un segundo plano. Aun siendo un placer ver a intérpretes como Pedro Pascal, Emma Stone y Austin Butler, su función se percibe más instrumental que verdaderamente desarrollada.

Presentada en el Festival de Cannes 2025, la película llegó acompañada de una notable división crítica, algo ya habitual dentro de la filmografía de Ari Aster.

Uno de sus puntos más discutibles es ese desequilibrio entre protagonista y secundarios, junto con un tramo final donde Aster parece priorizar el impacto y la sorpresa por encima de la cohesión narrativa, generando tanto fascinación como desconcierto.

Aun así, Eddington se percibe como una propuesta valiente dentro del cine reciente, al abordar de forma directa la fractura política y social de los Estados Unidos en la era post-Trump.

Aster firma una mirada incómoda, caótica pero intencionada, sobre un país atravesado por la polarización, la desconfianza y el ruido constante.

Y en medio de todo ello, la película vuelve a ofrecer otro personaje de peso en la carrera de un intérprete extraordinario como Joaquin Phoenix, que sostiene gran parte del impacto del film con una presencia magnética.




El ser querido: las heridas que no consigue cerrar el cine

 En muy poco tiempo, Rodrigo Sorogoyen ha pasado de ser una de las grandes promesas del cine español a consolidarse como uno de sus nombres ...