RUEGA POR NOSOTRAS (S.O. FUERA DE COMPETICIÓN)
No se le puede reprochar a Daniel Monzón, que inició su andadura en el mundo del cine como guionista y crítico cinematográfico, el eclecticismo de su filmografía. Quien escribe estas líneas cae rendido ante su faceta más ligada al thriller. Ahí están títulos magníficos como "Celda 211", "El niño" o la infravalorada "La caja Kovak". Su trayectoria también ha transitado por la comedia y el cine fantástico, y ahora se adentra en una historia que retrata las atrocidades sufridas por jóvenes internadas en reformatorios durante el franquismo.
Escrita por el propio Monzón junto a Jorge Guerricaechevarría, su colaborador en "Celda 211", "Ruega por nosotras" adopta los códigos del drama carcelario para narrar la lucha por la supervivencia en una institución marcada por la represión. Castigos físicos y psicológicos, religiosas implacables, intentos de fuga y solidaridad entre las internas conforman un repertorio de situaciones reconocibles que resta singularidad a una historia de gran potencial dramático.
Monzón demuestra oficio detrás de las cámaras, pero su trabajo queda condicionado por un guion demasiado apegado a los lugares comunes. La puesta en escena resulta academicista, de un clasicismo que roza lo televisivo, y carece de la tensión narrativa que el director supo imprimir a algunos de sus mejores trabajos. La gravedad de los hechos merecía una mirada más incisiva, capaz de trascender las convenciones del género.
La principal baza de la película es su reparto femenino. Zoe Bonafonte, que ya destacó en "El 47", está fantástica en su primer papel protagonista, aunque es Manuela Calle quien se roba cada plano en el que aparece como la amiga rebelde de la protagonista. Adelfa Calvo, por su parte, aporta ciertos matices a una madre superiora cuyo personaje resulta demasiado esquemático. Monzón demuestra buena mano en la dirección de sus actrices, especialmente con el joven reparto, que consigue dotar de humanidad a unos personajes que el guion no siempre desarrolla con la profundidad necesaria.
"Ruega por nosotras" podría haber sido un retrato de mayor calado sobre unas adolescencias rotas por una institución represiva y sobre las secuelas de una época que dejó profundas heridas. Sin embargo, se queda a medio gas. No estamos ante el mejor Monzón, pero uno disfruta del viaje gracias a sus dos magníficas protagonistas. Y se le ponen los pelos de punta al pensar que hubo muchas Anas y Soles que vivieron semejante calvario. Porque, más allá de sus limitaciones cinematográficas, la historia de aquellas jóvenes merece ser contada y recordada.


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