martes, 22 de septiembre de 2026

Día 5 • Festival de San Sebastián: Esta soledad: retrato de una soledad

ESTA SOLEDAD (NUEVOS DIRECTORES)

 Javier Giner se estrenó en la ficción con Yo, adicto, adaptación de su propia novela en la que retrataba su experiencia con las drogas y el alcohol. La serie, presentada hace dos años, recibió muy buenas críticas y le valió a Oriol Pla el Emmy Internacional a Mejor Actor. Ahora Giner da el salto al largometraje con Esta soledad, su debut cinematográfico, que compite en Nuevos Directores del Festival de San Sebastián. Para ello vuelve a trabajar con Oriol Pla y Marina Salas, ambos protagonistas de Yo, adicto.

La película sigue por separado las vidas de Leo y Lorea, dos personas que fueron pareja y que, tras la ruptura, dejan de verse. En un Bilbao gris y apagado, Giner retrata dos vidas erráticas marcadas por la precariedad material y emocional.

A la película le cuesta arrancar y algunas decisiones de guion resultan algo artificiales, pero poco a poco encuentra su tono y acierta al retratar la vulnerabilidad que acompaña a una ruptura. Cuando estamos emocionalmente descolocados, tomar decisiones puede convertirse en un terreno peligroso en el que es fácil equivocarse. Giner encuentra ahí uno de los puntos más interesantes de la película: mostrar cómo una situación de fragilidad puede llevarnos a tomar decisiones de las que después resulta difícil escapar.

Bilbao adquiere además un peso fundamental. Su paisaje gris, húmedo y algo desangelado funciona como prolongación del estado emocional de los protagonistas. También hay un retrato, quizá inevitablemente generalizador, de una determinada forma de relacionarse en Euskadi: personas afectuosas, generosas y cercanas, pero a las que puede costar abrirse y expresar lo que sienten. Giner lo integra con naturalidad en el relato y convierte la ciudad en algo más que un escenario. Cuesta imaginar esta historia en otro lugar.

La precariedad también condiciona sus aspiraciones. Leo trabaja como actor, pero necesita hacer horas extras como cajero de supermercado; Lorea es escritora y convierte sus frustraciones en materia literaria. El entorno que los rodea no solo dificulta que rehagan sus vidas después de la ruptura, sino que también limita su capacidad para crear y avanzar.

Todo ello encuentra su mejor aliado en Oriol Pla y Marina Salas. Ambos construyen desde la contención a dos personajes heridos y perdidos, con dificultades para expresar aquello que sienten. Su trabajo permite que muchos de los silencios y contradicciones de Leo y Lorea tengan tanto peso como sus palabras.

Esta soledad termina siendo así un retrato de dos personas emocionalmente vulnerables, pero también de una ciudad y de una forma de relacionarse. Una película en la que Bilbao se convierte en parte esencial de la historia y en el paisaje perfecto para unos personajes que buscan la manera de salir de su propia soledad.




Día 4 · Festival de San Sebastián: La bola negra: memoria, deseo y libertad

LA BOLA NEGRA (PERLAS)

 Los Javis llevan años construyendo una trayectoria que les ha convertido en dos de las voces más reconocibles de la cultura española contemporánea. Desde sus primeros trabajos hasta consolidarse como creadores capaces de moverse entre la televisión, el cine y el teatro, su evolución ha ido acompañada de una ambición cada vez mayor. La bola negra representa, quizá, el paso más importante de ese recorrido: un salto internacional que tuvo su gran estreno en Cannes, donde la película recibió veinte minutos de aplausos y Javier Calvo y Javier Ambrossi se llevaron el premio a Mejor Dirección. Ahora llega a San Sebastián como la película elegida por España para representar al país en los Oscar y con aspiraciones de entrar también en otras categorías importantes. Después de todo lo que ha rodeado al filme, la pregunta parece inevitable: ¿están las expectativas demasiado infladas?

La historia se articula a través de tres protagonistas homosexuales en distintas épocas de la historia de España. Tres personajes, tres tiempos y una misma mirada sobre el deseo, la identidad, la represión y la libertad. Una estructura que inevitablemente puede recordar a Las horas: si allí era Virginia Woolf quien conectaba tres épocas y tres vidas, aquí es Federico García Lorca quien establece ese vínculo entre pasado y presente. Lorca como figura literaria, como símbolo y como espejo de una España en la que ser homosexual ha significado cosas muy distintas dependiendo del momento histórico.

Una de las cosas que más llaman la atención es su exquisita factura visual. Tanto en lo formal como en lo narrativo, evoca a esos grandes romances imposibles de los años noventa que arrasaron en los Oscar. En algunos momentos me recordó especialmente a El paciente inglés, de Anthony Minghella, por esa vocación de gran melodrama romántico, épico y clásico, trasladado aquí a una historia de amor queer. Y hay incluso un guiño directo a Titanic en esa frase: «El corazón de un maricón es un océano lleno de secretos», reformulando la célebre frase de la película de James Cameron.

Pero estamos ante mucho más que un drama romántico queer. También es una película profundamente política y un homenaje a quienes nos precedieron: a nuestros mayores, a todas aquellas personas que, con grandes o pequeños gestos, hicieron posible que hoy podamos amar con mayor libertad. Esa mirada adquiere todavía más fuerza en el presente, cuando determinados discursos amenazan con hacernos retroceder y con borrar parte de esa memoria. Recordar de dónde venimos también es una forma de defender lo conquistado. Y ahí reside una de las mayores virtudes de la propuesta: en convertir la memoria en una reivindicación política y hacerlo, además, desde la emoción.

En el apartado interpretativo, estamos ante un filme muy coral que demuestra también de dónde vienen sus directores: del mundo de la interpretación. Y se nota en la manera en que dirigen a los actores, a los que saben sacar partido con una precisión y una sensibilidad estupendas. Hay un reparto repleto de nombres importantes, pero para mí el gran descubrimiento es Guitarricadelafuente. Su Sebastián es uno de los mayores descubrimientos actorales del cine español reciente. Desde la contención y la vulnerabilidad construye a un hombre atrapado en un contexto de violencia y opresión, donde muchas veces una mirada dice más que cualquier diálogo. Y son precisamente esas miradas de deseo, contenidas pero cargadas de emoción, las que hacen que su interpretación resulte espectacular.

Uno de los aspectos que más se les ha reprochado es el escaso peso de los personajes femeninos. Es cierto que permanecen en un segundo plano, pero también creo que esa cierta invisibilidad forma parte de la mirada de la película. Son ellas quienes, desde los márgenes, terminan siendo decisivas en las elecciones de sus protagonistas masculinos. Impulsan, condicionan o precipitan algunas de las decisiones fundamentales de las tres historias. El ejemplo más evidente es el personaje de Penélope Cruz, arrolladora, magnética y convertida en una auténtica diva cabaretera, cuya presencia resulta clave en la transformación de Sebastián. Estar en segundo plano no significa necesariamente ser irrelevante: también desde ahí pueden convertirse en el motor de una historia.

Quizá no sea una película completamente perfecta, pero pertenece a esa clase de obras que, poco a poco, te van subyugando. Al principio parece incluso jugar con las reglas del thriller: quieres descubrir hacia dónde va a girar la historia, qué pieza falta, qué revelación terminará encajándolo todo. Y cuando finalmente todas las piezas encuentran su lugar, la música de Raül Refree comienza a subir en intensidad y la película ya te tiene completamente atrapado. Hasta las lágrimas.

Y eso también es poder cinematográfico: conseguir que una película te arrastre emocionalmente hasta ese punto, que te deje sin defensas y que haga que todo lo anterior cobre un nuevo significado. Puede tener sus imperfecciones, pero tiene algo que no todas consiguen: la capacidad de subyugar, emocionar y permanecer. Y por eso estamos ante un gran acontecimiento cinematográfico.



domingo, 20 de septiembre de 2026

Día 3 Festival de San Sebastián: "Coward" La libertad de amarse

COWARD (Perlas) 

 Lukas Dhont se ha convertido, con apenas tres largometrajes, en uno de los directores europeos a seguir. Tras Girl y Close, el cineasta belga vuelve a explorar la intimidad, la identidad y los vínculos entre hombres desde una mirada profundamente sensible y queer.

Una de las constantes de su cine es precisamente su mirada hacia las identidades y experiencias queer. En Girl se acercaba a Lara, una adolescente trans que lucha por encontrar su lugar mientras persigue su sueño de convertirse en bailarina. Con Close, ponía el foco en la amistad íntima entre dos adolescentes y en las consecuencias de la homofobia y la presión social. Ahora, con Coward, Dhont vuelve a explorar el amor entre dos hombres, esta vez en el contexto de la Primera Guerra Mundial.

La película nos sitúa en 1916, siguiendo a dos soldados que, en las horas muertas entre batalla y batalla, encuentran una vía de escape en las representaciones teatrales, el transformismo y los espectáculos que realizan para sus compañeros. Es precisamente en ese ambiente donde surge, poco a poco, la historia de amor entre ambos. Y Dhont lo hace de una manera exquisita, introduciéndonos progresivamente en sus vidas y dándonos información sobre ellos sin precipitarse.

También resulta interesante cómo la puesta en escena contrapone la crudeza del frente con esos momentos de libertad que encuentran los soldados sobre el escenario. Frente a la oscuridad, la violencia y la disciplina de la guerra, el teatro y el transformismo se convierten en un pequeño espacio donde pueden ser quienes realmente quieren ser. Dhont utiliza ese contraste para hablar del deseo y de la libertad sin necesidad de subrayarlo constantemente.

Lo más interesante es cómo la relación va evolucionando y cómo también cambian sus protagonistas. Lo que inicialmente parece unirles termina marcando dos formas muy diferentes de entender ese amor. Mientras uno desea que la guerra continúe porque es el escenario que les permite permanecer juntos, el otro sueña con escapar del conflicto y refugiarse en las montañas para poder vivir libremente su relación.

No me extraña que Emmanuel Macchia y Valentin Campagne compartieran en Cannes el Premio de Interpretación Masculina. Están maravillosos y tienen una química estupenda, fundamental para que esta historia funcione con tanta naturalidad. Ambos consiguen transmitir esa evolución de sus personajes y hacer creíble un amor que va creciendo entre la incertidumbre y el horror de la guerra.

Además, Coward no se limita a contar la historia de estos dos soldados. También retrata el día a día de otros hombres en el frente y cómo la guerra va minando poco a poco a quienes la sufren. En medio de ese escenario de violencia, Dhont lanza una reivindicación muy clara: la necesidad de amar libremente, incluso cuando las circunstancias parecen ser las menos adecuadas.

Presentada en la Sección Oficial del último Festival de Cannes, Coward confirma que Lukas Dhont se ha convertido en una de las voces queer más interesantes del cine contemporáneo. Una película sensible, hermosa y profundamente humana que demuestra que, incluso en medio de la guerra, el amor puede convertirse en la forma más poderosa de resistencia.



sábado, 19 de septiembre de 2026

Día 2 Festival de San Sebastián: Iron Boy y Cinco minutos más

 

IRON BOY (Perlas)



 Louis Clichy lleva buena parte de su carrera ligada a la animación. Tras trabajar como animador en Pixar en títulos como WALL·E y Up, dio el salto a la dirección junto a Alexandre Astier con Astérix: La residencia de los dioses y Astérix: El secreto de la poción mágica. Con Iron Boy, Clichy se estrena como director en solitario con una obra de marcado carácter personal.

La película tuvo su estreno mundial en el Festival de Cannes, dentro de la sección Un Certain Regard, donde recibió el Premio Especial del Jurado.

Ambientada en la Francia rural de los años ochenta, Iron Boy sigue a Christophe, un niño que vive con su familia en una granja y cuyo cuerpo comienza a fallarle. Obligado a llevar un enderezador de hierro para mantenerse erguido, tendrá que afrontar una realidad que cambiará su manera de mirar el mundo.

El film se sustenta en un guion sencillo, pero precioso, que acompaña con enorme sensibilidad el proceso de transformación de su protagonista. Lo que comienza como una dificultad física termina convirtiéndose en una puerta hacia nuevas experiencias y hacia un universo que hasta entonces permanecía fuera de su alcance. Clichy utiliza así la discapacidad como punto de partida para hablar de libertad, crecimiento y búsqueda de una identidad propia, mientras ese entorno rural, tan hermoso como limitado, funciona como otra forma de corsé.

Es una historia de autodescubrimiento narrada con una delicadeza extraordinaria, en la que el paisaje rural, la música clásica y la mirada infantil de Christophe se integran de manera natural. Sin recurrir al sentimentalismo fácil, la película encuentra belleza en los pequeños cambios y consigue que el viaje de su protagonista resulte cercano, emotivo y profundamente humano.


CINCO MINUTOS MÁS (SECCIÓN OFICIAL)



 Una de las sorpresas al anunciarse la Sección Oficial del Festival de San Sebastián fue la inclusión de 5 minutos más, la nueva propuesta de Javier Ruiz Caldera, director de algunas de las comedias comerciales más populares del cine español reciente, como Tres bodas de más o Anacleto: Agente secreto.

La historia parte de una premisa tan sencilla como disparatada: una pareja en crisis se refugia en una casa rural para intentar recomponer su relación, pero un extraño fenómeno temporal hará que queden atrapados en un bucle que se reinicia cada cinco minutos. Un punto de partida que inevitablemente remite a títulos como Atrapado en el tiempo, de Harold Ramis, o Los cronocrímenes, de Nacho Vigalondo, aunque aquí el recurso sirve para adentrarse en terrenos mucho más imprevisibles.

Lo que comienza como una comedia sobre una relación sentimental en horas bajas deriva pronto hacia una comedia negra, negrísima, cada vez más desatada. Ruiz Caldera utiliza el peculiar mecanismo temporal para colocar a sus protagonistas ante situaciones límite y parece querer explorar hasta dónde puede llegar el comportamiento humano cuando desaparecen las consecuencias de sus actos. Al mismo tiempo, el bucle funciona como una radiografía de esa relación: obligados a repetir una y otra vez los mismos acontecimientos, terminan enfrentándose a aquello que los ha llevado hasta allí.

El principal problema es que parece querer abarcar demasiadas direcciones al mismo tiempo. Comedia negra, juego temporal, reflexión sobre el comportamiento humano y retrato de una relación en crisis conviven en un relato que no siempre consigue que todas sus piezas encajen. La voluntad de mantener al espectador constantemente desconcertado acaba imponiéndose, en algunos momentos, a la construcción de un discurso más sólido.

Y ahí reside precisamente su carácter más inclasificable. Resulta difícil determinar hasta qué punto todo este desconcertante juego responde a un propósito perfectamente calculado o hasta qué punto se deja arrastrar por su propia necesidad de llevar la situación cada vez más lejos. Lo que sí consigue es mantener la atención y despertar continuamente la curiosidad por descubrir qué sucederá a continuación.

Javier Cámara, Belén Cuesta y Berto Romero están muy bien dentro de este universo extraño, inquietante y por momentos hipnótico. Los tres saben desenvolverse en una historia que cambia constantemente de registro y que les obliga a transitar entre el humor negro, la tensión y el absurdo.

En definitiva, estamos ante una propuesta inclasificable dentro de la filmografía de Javier Ruiz Caldera. Y, en una Sección Oficial donde predominan los dramas y las historias de marcado carácter social, su presencia supone un auténtico soplo de aire fresco. Puede que no termine de encontrar el equilibrio entre todas las ideas que plantea, pero resulta difícil negar su personalidad. Al final, quizá lo más estimulante sea precisamente eso: encontrarse en San Sebastián con una película que no sabes muy bien dónde colocar, pero que tampoco se parece demasiado a nada de lo que su director había hecho hasta ahora.

viernes, 18 de septiembre de 2026

Día 1 Festival de San Sebastián: The Invite y The Housewife

 

THE INVITE (Perlas)


  
 Hay películas que consiguen que una simple cena se convierta en un auténtico espectáculo. The Invite, la nueva película de Olivia Wilde, es una de ellas. Basada en "Sentimental", la película de Cesc Gay que nació de su obra teatral Los vecinos de arriba, la cinta traslada esta historia de parejas, secretos y deseos al contexto estadounidense con una energía completamente propia.

Su paso por Sundance fue especialmente celebrado y su buen funcionamiento en taquilla ha reforzado las expectativas alrededor de la película. También empieza a sonar como una de esas propuestas que podrían tener recorrido en la temporada de premios, con los Oscars en el horizonte. Pero, más allá de cualquier predicción, The Invite funciona por sus propios méritos.

Joe y Angela invitan a sus vecinos de arriba, Hawk y Piña, a pasar una velada juntos. Lo que comienza como una reunión aparentemente cordial cambia por completo cuando descubren la forma abierta y desinhibida en que sus invitados viven la sexualidad. A partir de ese momento, las conversaciones se llenan de confesiones, provocaciones y verdades incómodas que pondrán a prueba la relación de todos.

Rashida Jones y Will McCormack tienen mucho que ver en el resultado. Su guion conserva la estructura de la historia de Cesc Gay, pero la adapta con inteligencia a la clase media estadounidense. Los personajes no son simples copias de sus versiones españolas: tienen sus propios conflictos, motivaciones y una manera de enfrentarse a las relaciones marcada por el desencanto americano. La película mantiene el espíritu de la original, pero encuentra su propia voz.

Aunque todo sucede prácticamente en un único escenario, el ritmo nunca decae. Olivia Wilde mueve la cámara con soltura, aprovecha cada rincón del espacio y convierte los diálogos en auténticos duelos. Después de Booksmart y Don’t Worry Darling, la directora demuestra aquí una notable seguridad detrás de las cámaras, especialmente a la hora de combinar comedia, tensión e incomodidad.

La película encuentra el humor en aquello que los personajes callan, en las verdades que intentan esconder y en la distancia entre lo que muestran y lo que realmente desean. El choque entre puritanismo y liberación está siempre presente, pero los personajes nunca se reducen a simples caricaturas.

El reparto está estupendo y cada actor encuentra su momento para lucirse gracias a un guion que les da espacio para desarrollar a sus personajes. Olivia Wilde, Edward Norton, Seth Rogen y Penélope Cruz están completamente entregados a sus papeles. Cruz está especialmente juguetona como Piña, una mujer que habla del deseo con una naturalidad desarmante y que entiende que no desaparece con los años, sino que simplemente cambia de forma. Su libertad, sensualidad y sentido del humor convierten a Piña en uno de los mejores personajes de toda su carrera.

The Invite es una comedia adulta, inteligente y tremendamente entretenida, con unas interpretaciones en estado de gracia y una dirección que sabe mantener la tensión hasta el último momento. Olivia Wilde demuestra que puede manejar con soltura una historia construida casi por completo a través de conversaciones y convertirla en una experiencia dinámica, provocadora y muy cinematográfica.

Una película que demuestra que, cuando las apariencias empiezan a resquebrajarse, una noche entre vecinos puede acabar siendo mucho más divertida —y mucho más peligrosa— de lo que nadie esperaba.


THE HOUSEWIFE (Proyecciones Premio Donostia)



La flamante ganadora del Premio Donostia de este año, además de recibir este prestigioso reconocimiento, llega a San Sebastián para presentar una nueva película: The Housewife.

La historia nos traslada al Nueva York de 1964, donde un joven periodista descubre que un presunto oficial nazi vive en la clandestinidad en el barrio de Queens. Cuando entabla amistad con su encantadora esposa, la investigación da un giro inesperado.

Dirigida por el debutante Ben Shirinian, The Housewife se basa en un hecho real y se adentra en un relato que combina el drama y el thriller. Una propuesta que, aunque en ocasiones intenta alejarse de ciertos clichés de este tipo de películas, no siempre consigue escapar de ellos. Tiene su miga, eso sí, y sabe mantener nuestro interés gracias a una historia que juega con los secretos y las apariencias.

Pero es Naomi Watts quien termina marcando la diferencia. La actriz compone un personaje que se mueve entre la vulnerabilidad, el misterio y cierta inquietud, sin necesidad de recurrir a grandes excesos interpretativos. Hay algo en su mirada, en sus silencios y en esa aparente amabilidad que nos hace sospechar que no todo es lo que parece.

Watts encuentra aquí un vehículo perfecto para demostrar sus amplios registros dramáticos. Y es una gozada volver a verla en un papel de estas características, después de unos años en los que ha encontrado buena parte de su espacio en la televisión. Su interpretación aporta los matices que la película necesita y se convierte en su principal atractivo.

The Housewife es un film correcto, con una historia que tiene su interés, pero que no termina de trascender más allá de su protagonista. Una película que encuentra en Naomi Watts el motivo principal para acercarse a ella.


sábado, 12 de septiembre de 2026

Prácticamente magia 2: la magia tarda, pero llega

 Recuerdo la primera vez que vi Prácticamente magia hace 28 años en televisión. Me quedé fascinado con la química entre Sandra Bullock y Nicole Kidman, pero también con aquella mezcla de géneros improbables de casar: el drama familiar, la comedia romántica, el thriller, el terror y la fantasía. Una historia de brujas, hechizos, maldiciones y amores imposibles que, bajo su envoltorio mágico, hablaba de la de ser uno mismo, del matriarcado de las Owens y de la lucha de estas mujeres contra el patriarcado.

La primera película fracasó en su estreno, tanto en crítica como en taquilla, pero el tiempo terminó haciendo justicia. Las nuevas generaciones conectaron con ella hasta convertirla en una película de culto. Volver a ese universo casi tres décadas después era, por tanto, una operación delicada. Y lo más interesante de Prácticamente magia 2, dirigida esta vez por Susanne Bier, es que no se limita a vivir de la nostalgia: continúa la historia de las Owens y se inspira en The Book of Magic, la cuarta y última novela de la saga literaria de Alice Hoffman.

La película vuelve a reunir a Sally y Gillian, ahora rodeadas de una nueva generación de mujeres y de una historia de magia, maldiciones y vínculos familiares. Una decisión interesante que también explica buena parte de sus problemas. Condensar todo el material de la novela en poco más de dos horas provoca un desarrollo confuso, con demasiados personajes, situaciones y conflictos que apenas encuentran espacio para desarrollarse. Hay momentos en los que el espectador puede sentirse perdido, y la película tarda en encontrar su ritmo.

Sin embargo, cuando Sandra Bullock y Nicole Kidman comparten pantalla, todo parece encajar un poco mejor. Su química sigue intacta y continúa siendo el verdadero motor de la historia. Me encanta que a Sandra le hayan dado ese toque de comedia física que tan bien domina en Sally, mientras que Nicole disfruta de una Gillian que sigue siendo ese alma libre, ese verso suelto que quiere aprovechar cada instante de la vida. Son dos actrices que conocen perfectamente el tono de estos personajes y que consiguen recuperar parte de la magia de la original sin necesidad de repetirla.

También es un placer reencontrarse con la veteranía de Stockard Channing y Dianne Wiest, que aportan calidad y calidez al conjunto. Entre las nuevas incorporaciones, Joey King destaca especialmente por su frescura, mientras que Maisie Williams queda bastante desaprovechada, con menos oportunidades de lucimiento. El romance con Lee Pace recupera el espíritu de las comedias románticas de los 90, un registro muy ligado a Sandra Bullock, aunque su introducción dentro de la historia resulta algo torpe.

La película comienza de manera irregular, lanzando demasiada información sin poder desarrollarla con la claridad necesaria. Pero, poco a poco, Bier va encontrando el camino hacia aquello que realmente importa. Y entonces llega el final.

Después de todo ese puzle de tramas, personajes y conflictos, Susanne Bier consigue ponerle un lazo precioso al conjunto. La hermandad, la familia y la fuerza de las mujeres vuelven a ocupar el centro de la historia. No porque todo lo anterior haya funcionado de manera perfecta, sino porque el aterrizaje tiene corazón. Y eso no es poco.

Prácticamente magia 2 no es una película perfecta ni una obra maravillosa. Es una secuela irregular, demasiado ambiciosa en su desarrollo y que exige paciencia para que resurja la magia de la original. Pero cuando lo hace, cuando Bullock y Kidman vuelven a encontrar esa química y las Owens recuperan su fuerza, uno recuerda por qué esta historia sigue siendo tan especial.

Quizá no consiga reproducir de principio a fin el encanto de la primera película. Quizá su narración sea demasiado confusa y algunas de sus nuevas incorporaciones estén desaprovechadas. Pero tampoco se limita a repetir el pasado. Quiere continuar la historia, ampliar su universo y recuperar el corazón de aquellas mujeres que tanto nos fascinaron hace 28 años.

Y, sinceramente, ¿quién no quiere pasar una noche de margaritas con Sandra Bullock y Nicole Kidman bajo el hechizo de la magia? 



domingo, 6 de septiembre de 2026

‘The Runner’: entre los clichés y el entretenimiento

 The Runner acaba de llegar a Prime Video y lo hace con una acogida crítica especialmente demoledora, con unas valoraciones que parecen haber convertido la propuesta en poco menos que un desastre absoluto. Pero a veces tengo la sensación de que hablamos más de todo lo que rodea a una película que de la propia película.

Porque no, The Runner no es una buena película. Tiene problemas evidentes de guion, acumula clichés y está lejos de ser el mejor trabajo de Kevin Macdonald, un director con una filmografía mucho más interesante. Pero también funciona como aquello que pretende ser: un thriller de escape, directo, físico y de ritmo constante, que encuentra en Gal Gadot un vehículo perfecto para explotar su presencia y su faceta más física.

Y aquí es donde surgen algunas preguntas: ¿está The Runner siendo víctima del rechazo hacia Gal Gadot por su posicionamiento proisraelí? ¿Es realmente tan mala como dicen sus notas? ¿Y cuánto pesa todo ese ruido externo en su recepción?

El film de Kevin Macdonald parece querer recuperar el espíritu de aquellos thrillers trepidantes de los años 90: historias que parten de una premisa sencilla pero potente y que, a medida que avanzan, llevan la situación cada vez más al límite, hasta poner a prueba incluso la credibilidad del espectador.

Temáticamente, The Runner recuerda inevitablemente a Nick of Time, protagonizada por Johnny Depp, con la que comparte una premisa prácticamente idéntica. Aquí, una abogada soltera recibe una amenaza: alguien ha secuestrado a su hijo, Maya, y la obliga a recorrer Londres a contrarreloj para asesinar a uno de sus propios clientes y conseguir así salvarle la vida.

Y si hablamos de carreras, persecuciones y contrarreloj, resulta inevitable pensar también en Corre, Lola, corre. Macdonald bebe claramente de ese imaginario noventero, aunque The Runner no alcanza ni la originalidad ni la personalidad de aquellas películas.

El realizador deposita toda su confianza en Gal Gadot, llegando incluso a avasallarla con primeros planos destinados a transmitir la tensión, el agotamiento y la angustia de su protagonista. Y Gadot responde bien ante esos embates de cámara, demostrando que se mueve con soltura en este tipo de thriller físico.

Macdonald sabe perfectamente que está ante un vehículo para su estrella y dirige en consecuencia. A pesar de las limitaciones del material, consigue mantener una cadencia constante y hacer avanzar la persecución sin demasiados tiempos muertos. Cuando el guion empieza a perder credibilidad, es precisamente esa velocidad visual la que consigue sostener buena parte del interés.

Las calles, los parques, el transporte público y los propios habitantes de Londres aportan color, movimiento y cierta personalidad a una propuesta que, por lo demás, transita por terrenos demasiado conocidos. Porque esta es una historia que el cine ya ha explotado de manera mucho más eficaz, como demuestran las referencias anteriormente mencionadas.

Todo ello puede provocar que para algunos espectadores The Runner termine resultando monótona o repetitiva. Pero no creo que estemos ante el fracaso estrepitoso que algunos parecen empeñados en vender. Tiene carencias evidentes, sí, pero también cumple con su principal cometido: entretener durante su ajustado metraje.

No estamos ante una gran película, pero tampoco ante el desastre que algunos parecen empeñados en vendernos. A veces una película simplemente quiere entretener. Y The Runner, con todos sus defectos, lo consigue.



Día 5 • Festival de San Sebastián: Esta soledad: retrato de una soledad

ESTA SOLEDAD (NUEVOS DIRECTORES)  Javier Giner se estrenó en la ficción con Yo, adicto , adaptación de su propia novela en la que retrataba ...