ESTA SOLEDAD (NUEVOS DIRECTORES)
Javier Giner se estrenó en la ficción con Yo, adicto, adaptación de su propia novela en la que retrataba su experiencia con las drogas y el alcohol. La serie, presentada hace dos años, recibió muy buenas críticas y le valió a Oriol Pla el Emmy Internacional a Mejor Actor. Ahora Giner da el salto al largometraje con Esta soledad, su debut cinematográfico, que compite en Nuevos Directores del Festival de San Sebastián. Para ello vuelve a trabajar con Oriol Pla y Marina Salas, ambos protagonistas de Yo, adicto.
La película sigue por separado las vidas de Leo y Lorea, dos personas que fueron pareja y que, tras la ruptura, dejan de verse. En un Bilbao gris y apagado, Giner retrata dos vidas erráticas marcadas por la precariedad material y emocional.
A la película le cuesta arrancar y algunas decisiones de guion resultan algo artificiales, pero poco a poco encuentra su tono y acierta al retratar la vulnerabilidad que acompaña a una ruptura. Cuando estamos emocionalmente descolocados, tomar decisiones puede convertirse en un terreno peligroso en el que es fácil equivocarse. Giner encuentra ahí uno de los puntos más interesantes de la película: mostrar cómo una situación de fragilidad puede llevarnos a tomar decisiones de las que después resulta difícil escapar.
Bilbao adquiere además un peso fundamental. Su paisaje gris, húmedo y algo desangelado funciona como prolongación del estado emocional de los protagonistas. También hay un retrato, quizá inevitablemente generalizador, de una determinada forma de relacionarse en Euskadi: personas afectuosas, generosas y cercanas, pero a las que puede costar abrirse y expresar lo que sienten. Giner lo integra con naturalidad en el relato y convierte la ciudad en algo más que un escenario. Cuesta imaginar esta historia en otro lugar.
La precariedad también condiciona sus aspiraciones. Leo trabaja como actor, pero necesita hacer horas extras como cajero de supermercado; Lorea es escritora y convierte sus frustraciones en materia literaria. El entorno que los rodea no solo dificulta que rehagan sus vidas después de la ruptura, sino que también limita su capacidad para crear y avanzar.
Todo ello encuentra su mejor aliado en Oriol Pla y Marina Salas. Ambos construyen desde la contención a dos personajes heridos y perdidos, con dificultades para expresar aquello que sienten. Su trabajo permite que muchos de los silencios y contradicciones de Leo y Lorea tengan tanto peso como sus palabras.
Esta soledad termina siendo así un retrato de dos personas emocionalmente vulnerables, pero también de una ciudad y de una forma de relacionarse. Una película en la que Bilbao se convierte en parte esencial de la historia y en el paisaje perfecto para unos personajes que buscan la manera de salir de su propia soledad.


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