IRON BOY (Perlas)
La película tuvo su estreno mundial en el Festival de Cannes, dentro de la sección Un Certain Regard, donde recibió el Premio Especial del Jurado.
Ambientada en la Francia rural de los años ochenta, Iron Boy sigue a Christophe, un niño que vive con su familia en una granja y cuyo cuerpo comienza a fallarle. Obligado a llevar un enderezador de hierro para mantenerse erguido, tendrá que afrontar una realidad que cambiará su manera de mirar el mundo.
El film se sustenta en un guion sencillo, pero precioso, que acompaña con enorme sensibilidad el proceso de transformación de su protagonista. Lo que comienza como una dificultad física termina convirtiéndose en una puerta hacia nuevas experiencias y hacia un universo que hasta entonces permanecía fuera de su alcance. Clichy utiliza así la discapacidad como punto de partida para hablar de libertad, crecimiento y búsqueda de una identidad propia, mientras ese entorno rural, tan hermoso como limitado, funciona como otra forma de corsé.
Es una historia de autodescubrimiento narrada con una delicadeza extraordinaria, en la que el paisaje rural, la música clásica y la mirada infantil de Christophe se integran de manera natural. Sin recurrir al sentimentalismo fácil, la película encuentra belleza en los pequeños cambios y consigue que el viaje de su protagonista resulte cercano, emotivo y profundamente humano.
CINCO MINUTOS MÁS (SECCIÓN OFICIAL)
La historia parte de una premisa tan sencilla como disparatada: una pareja en crisis se refugia en una casa rural para intentar recomponer su relación, pero un extraño fenómeno temporal hará que queden atrapados en un bucle que se reinicia cada cinco minutos. Un punto de partida que inevitablemente remite a títulos como Atrapado en el tiempo, de Harold Ramis, o Los cronocrímenes, de Nacho Vigalondo, aunque aquí el recurso sirve para adentrarse en terrenos mucho más imprevisibles.
Lo que comienza como una comedia sobre una relación sentimental en horas bajas deriva pronto hacia una comedia negra, negrísima, cada vez más desatada. Ruiz Caldera utiliza el peculiar mecanismo temporal para colocar a sus protagonistas ante situaciones límite y parece querer explorar hasta dónde puede llegar el comportamiento humano cuando desaparecen las consecuencias de sus actos. Al mismo tiempo, el bucle funciona como una radiografía de esa relación: obligados a repetir una y otra vez los mismos acontecimientos, terminan enfrentándose a aquello que los ha llevado hasta allí.
El principal problema es que parece querer abarcar demasiadas direcciones al mismo tiempo. Comedia negra, juego temporal, reflexión sobre el comportamiento humano y retrato de una relación en crisis conviven en un relato que no siempre consigue que todas sus piezas encajen. La voluntad de mantener al espectador constantemente desconcertado acaba imponiéndose, en algunos momentos, a la construcción de un discurso más sólido.
Y ahí reside precisamente su carácter más inclasificable. Resulta difícil determinar hasta qué punto todo este desconcertante juego responde a un propósito perfectamente calculado o hasta qué punto se deja arrastrar por su propia necesidad de llevar la situación cada vez más lejos. Lo que sí consigue es mantener la atención y despertar continuamente la curiosidad por descubrir qué sucederá a continuación.
Javier Cámara, Belén Cuesta y Berto Romero están muy bien dentro de este universo extraño, inquietante y por momentos hipnótico. Los tres saben desenvolverse en una historia que cambia constantemente de registro y que les obliga a transitar entre el humor negro, la tensión y el absurdo.
En definitiva, estamos ante una propuesta inclasificable dentro de la filmografía de Javier Ruiz Caldera. Y, en una Sección Oficial donde predominan los dramas y las historias de marcado carácter social, su presencia supone un auténtico soplo de aire fresco. Puede que no termine de encontrar el equilibrio entre todas las ideas que plantea, pero resulta difícil negar su personalidad. Al final, quizá lo más estimulante sea precisamente eso: encontrarse en San Sebastián con una película que no sabes muy bien dónde colocar, pero que tampoco se parece demasiado a nada de lo que su director había hecho hasta ahora.


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