COWARD (Perlas)
Lukas Dhont se ha convertido, con apenas tres largometrajes, en uno de los directores europeos a seguir. Tras Girl y Close, el cineasta belga vuelve a explorar la intimidad, la identidad y los vínculos entre hombres desde una mirada profundamente sensible y queer.
Una de las constantes de su cine es precisamente su mirada hacia las identidades y experiencias queer. En Girl se acercaba a Lara, una adolescente trans que lucha por encontrar su lugar mientras persigue su sueño de convertirse en bailarina. Con Close, ponía el foco en la amistad íntima entre dos adolescentes y en las consecuencias de la homofobia y la presión social. Ahora, con Coward, Dhont vuelve a explorar el amor entre dos hombres, esta vez en el contexto de la Primera Guerra Mundial.
La película nos sitúa en 1916, siguiendo a dos soldados que, en las horas muertas entre batalla y batalla, encuentran una vía de escape en las representaciones teatrales, el transformismo y los espectáculos que realizan para sus compañeros. Es precisamente en ese ambiente donde surge, poco a poco, la historia de amor entre ambos. Y Dhont lo hace de una manera exquisita, introduciéndonos progresivamente en sus vidas y dándonos información sobre ellos sin precipitarse.
También resulta interesante cómo la puesta en escena contrapone la crudeza del frente con esos momentos de libertad que encuentran los soldados sobre el escenario. Frente a la oscuridad, la violencia y la disciplina de la guerra, el teatro y el transformismo se convierten en un pequeño espacio donde pueden ser quienes realmente quieren ser. Dhont utiliza ese contraste para hablar del deseo y de la libertad sin necesidad de subrayarlo constantemente.
Lo más interesante es cómo la relación va evolucionando y cómo también cambian sus protagonistas. Lo que inicialmente parece unirles termina marcando dos formas muy diferentes de entender ese amor. Mientras uno desea que la guerra continúe porque es el escenario que les permite permanecer juntos, el otro sueña con escapar del conflicto y refugiarse en las montañas para poder vivir libremente su relación.
No me extraña que Emmanuel Macchia y Valentin Campagne compartieran en Cannes el Premio de Interpretación Masculina. Están maravillosos y tienen una química estupenda, fundamental para que esta historia funcione con tanta naturalidad. Ambos consiguen transmitir esa evolución de sus personajes y hacer creíble un amor que va creciendo entre la incertidumbre y el horror de la guerra.
Además, Coward no se limita a contar la historia de estos dos soldados. También retrata el día a día de otros hombres en el frente y cómo la guerra va minando poco a poco a quienes la sufren. En medio de ese escenario de violencia, Dhont lanza una reivindicación muy clara: la necesidad de amar libremente, incluso cuando las circunstancias parecen ser las menos adecuadas.
Presentada en la Sección Oficial del último Festival de Cannes, Coward confirma que Lukas Dhont se ha convertido en una de las voces queer más interesantes del cine contemporáneo. Una película sensible, hermosa y profundamente humana que demuestra que, incluso en medio de la guerra, el amor puede convertirse en la forma más poderosa de resistencia.


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