viernes, 26 de junio de 2026

España mira a los Oscar: el año más competitivo de su historia reciente

 Hacía años que el cine español no llegaba a la carrera por el Oscar con un panorama tan abierto y, a la vez, tan potente. Tras la histórica presencia de Sirat en la última edición —con nominaciones en Mejor Película Internacional y Mejor Sonido—, la industria española vuelve a colocarse en el centro del mapa de Hollywood con una cosecha que combina autores consagrados, nuevos nombres y propuestas con verdadero potencial de campaña internacional.

La temporada comenzó con un golpe de efecto en el Festival de Cannes. No una, ni dos, sino tres producciones españolas compitieron en la Sección Oficial por la Palma de Oro: El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen; Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar; y La bola negra, de Los Javis. Su coincidencia en el festival ya era un acontecimiento poco habitual, pero la recepción internacional terminó de consolidar el momento. Especialmente La bola negra, que se convirtió en uno de los títulos más comentados del certamen tras recibir una ovación de veinte minutos y alzarse con el premio a la Mejor Dirección. Desde entonces, su nombre ha permanecido en todas las conversaciones sobre la temporada de premios.

Que tres películas españolas compartieran espacio en Cannes no solo refuerza su prestigio individual, sino que marca un punto de inflexión: la carrera al Oscar ya no depende de un único título fuerte, sino de una competencia interna de alto nivel. En ese contexto, la decisión de la Academia de Cine española será más compleja que en años anteriores.

Habitualmente, la preselección española para los Oscar se compone de tres películas, aunque en ocasiones excepcionales ha llegado a ampliarse a cuatro. Este año, salvo sorpresa, todo apunta a que las tres plazas principales se disputarán entre La bola negra, El ser querido y Amarga Navidad, con Los Domingos como alternativa real si se abre el abanico.

Las candidatas

La bola negra


Parte como la gran favorita. Netflix será la encargada de su distribución en Estados Unidos y planea convertirla en una de sus apuestas clave de la temporada, siguiendo estrategias similares a las de anteriores campañas de éxito. A ello se suma un reparto con nombres de enorme impacto internacional como Glenn Close y Penélope Cruz, además de una historia que combina romance, guerra e identidad en un relato con potencial de conexión emocional global.

Sin embargo, su principal riesgo es interno: su tono y su ambición estética podrían dividir a parte de la Academia española, más conservadora en sus elecciones de lo que a veces se asume.

El ser querido


El nuevo trabajo de Rodrigo Sorogoyen ha sido recibido con respeto crítico y admiración por su ambición narrativa. El drama familiar, centrado en la relación entre un director de cine y su hija actriz durante un rodaje marcado por el conflicto emocional, ha situado de nuevo a Javier Bardem en el centro de las conversaciones, con críticas que lo señalan como uno de sus mejores trabajos desde No Country for Old Men.

Su gran debilidad es clara: la falta de un distribuidor sólido en Estados Unidos, un factor determinante en la carrera al Oscar.

Amarga Navidad


Pedro Almodóvar regresa con una obra más introspectiva, centrada en el bloqueo creativo de un cineasta en busca de su próximo guion. Aunque ha sido bien recibida, no ha alcanzado el entusiasmo habitual asociado al director manchego. Su paso por Cannes fue correcto, pero sin el impacto de sus grandes títulos.

El riesgo aquí no es la calidad, sino el desgaste: incluso los autores más celebrados pueden quedar fuera cuando la respuesta internacional no es unánime.

Los Domingos


La gran alternativa silenciosa. La película de Alauda Ruiz de Azúa, ganadora de cinco premios Goya, narra la historia de Ainara, una joven de 17 años que decide ingresar en un convento de clausura en lugar de iniciar su vida universitaria, provocando un conflicto familiar marcado por la fe, la libertad y el deseo.

El año pasado no pudo entrar en la preselección por cuestiones de elegibilidad, pero ahora llega con un sólido recorrido internacional, buena recepción crítica y el respaldo de figuras como Isabelle Huppert. Su principal obstáculo es la visibilidad: compite con autores mucho más mediáticos en la escena global.

Un escenario excepcionalmente abierto

Película A favor En contra
La bola negra Netflix, Cannes, Glenn Close, Penélope Cruz División interna en la Academia
El ser querido Sorogoyen, Bardem, gran recepción crítica Sin distribución en EE. UU.
Amarga Navidad Prestigio de Almodóvar Respuesta más fría de lo esperado
Los Domingos Cinco Goya, impulso internacional Menor visibilidad mediática

Conclusión

La decisión de la Academia española este año será especialmente delicada. Rara vez ha coincidido una cosecha tan sólida, diversa y competitiva, con propuestas que abarcan desde el cine de autor más internacional hasta el drama íntimo y el gran relato de estudio.

Elegir solo una implicará inevitablemente dejar fuera títulos que, en cualquier otra temporada, habrían sido apuestas seguras. Y esa es, precisamente, la mejor señal del momento que vive el cine español: no falta una gran película… sobran candidatas de nivel internacional.

La carrera hacia Hollywood, este año, empieza en casa.

lunes, 22 de junio de 2026

La película que destruye la comedia romántica desde dentro

 Es de agradecer que, en plena temporada veraniega, llegue a los cines una película inteligente como The Drama, protagonizada por Robert Pattinson y Zendaya, dos estrellas capaces de atraer al gran público sin renunciar a una propuesta con más ambición de la que su campaña de marketing sugiere.

Aunque se haya vendido como una comedia romántica, esa etiqueta se queda corta. En realidad, estamos ante una tragicomedia con un guion lleno de capas y matices. La historia sigue a una joven pareja, exitosa, atractiva y aparentemente perfecta, que está a punto de casarse. Sin embargo, todo cambia cuando ella revela un secreto inconfesable. A partir de ese momento, no solo se tambalea la percepción que tienen sus amigos sobre la relación, sino también la del propio personaje interpretado por Robert Pattinson.

Ese giro introduce la verdadera naturaleza de la película: una reflexión incómoda sobre la moralidad dentro de una disección ácida de las convenciones de la comedia romántica. Es ahí donde The Drama se vuelve más interesante, porque deja de jugar con las expectativas del género para cuestionarlas directamente desde dentro.

La película explora las apariencias, los prejuicios y las contradicciones de una generación que presume de honestidad emocional, pero que no siempre está preparada para enfrentarse a la verdad. Lo hace con un tono satírico que oscila entre lo hilarante y lo incómodo, hasta el punto de generar una risa nerviosa en los momentos más tensos.

Zendaya ofrece probablemente su interpretación más compleja hasta la fecha. La película le exige transitar entre registros muy distintos, desde lo absurdo hasta lo trágico, y ella lo hace con una naturalidad que evita cualquier artificio. Hay una precisión constante en cómo sostiene la vulnerabilidad sin perder el control, incluso cuando su personaje parece desbordarse.

Robert Pattinson, por su parte, está sencillamente perfecto. A primera vista puede parecer un personaje contenido, incluso anodino, pero el giro lo transforma por completo. A partir de ahí, la película lo empuja hacia una deriva emocional cada vez más inestable, que termina siendo tan incómoda como fascinante, y en algunos momentos incluso deliberadamente cómica.

Es una transformación que el director filma con una evidente fascinación, como si disfrutara observando la descomposición progresiva de un personaje que al inicio parecía perfectamente estable.

Zendaya y Pattinson sostienen la película con una química extraordinaria, y es en ese choque entre ambos donde The Drama encuentra su verdadero pulso.

Una película ácida y satírica que desarma las reglas del género desde dentro, incómoda hasta el punto de incomodar al propio espectador, y lo bastante inteligente como para no ofrecer ninguna salida fácil. No busca gustar: busca incomodar, y en ese riesgo encuentra su fuerza.

sábado, 20 de junio de 2026

Obsession, el anti-romcom del año

 Procedente de YouTube y del cine independiente, Curry Barker da el salto definitivo al panorama cinematográfico con Obsession, su segundo largometraje y uno de los fenómenos sorpresa del año en Estados Unidos. Formado al margen de los circuitos tradicionales de la industria, Barker pertenece a una nueva generación de cineastas surgidos de internet que han encontrado en las plataformas digitales un espacio para desarrollar una voz propia antes de dar el salto a la gran pantalla.

Obsession parte de una premisa tan sencilla como inquietante: la de tener cuidado con aquello que deseas. Tomando como referencia el clásico cuento de La pata de mono, Barker construye una historia que comienza donde la mayoría de las comedias románticas suelen terminar. Su protagonista acaba de conseguir a la chica de sus sueños y parece haber alcanzado la felicidad absoluta. Sin embargo, lo que debería ser el final feliz se convierte en el inicio de una pesadilla.

Uno de los mayores aciertos de la película es la manera en que mezcla géneros. Barker vierte en el relato elementos de la comedia romántica, la comedia absurda juvenil, el fantástico y el terror psicológico, creando una propuesta fresca y sorprendentemente original. Durante su primer tramo, Obsession juega con los clichés de las historias románticas e incluso parece reírse de ellos, funcionando casi como una película anti-San Valentín. Pero poco a poco esa fantasía sentimental se va deformando hasta transformarse en una inquietante reflexión sobre la obsesión, la dependencia emocional y los peligros de idealizar a otra persona.

Gran parte de la eficacia del filme descansa en las interpretaciones de Michael Johnston e Inde Navarrette, que consiguen dotar de humanidad y credibilidad a una premisa que podría haber caído fácilmente en el exceso. Especialmente destacable es el trabajo de Navarrette, capaz de transitar de la emoción más contenida a una ironía casi desbordada en un mismo plano, en un registro emocional que descoloca constantemente al espectador. Su mirada, en muchos momentos, parece condensar una súplica silenciosa: la de alguien atrapado en una espiral emocional de la que no logra salir.

Si existe justicia en la próxima temporada de premios, su nombre debería formar parte de la conversación. Del mismo modo que interpretaciones de género como la de Amy Madigan en Weapons o la de Demi Moore en The Substance lograron abrirse paso en el debate crítico, Navarrette demuestra que algunas de las actuaciones más impactantes del año pueden encontrarse lejos de los dramas tradicionales que suelen monopolizar la atención de los premios.

Con Obsession, Curry Barker confirma el potencial de una generación de cineastas que ha crecido fuera del sistema industrial tradicional, pero que está encontrando en el género una vía de acceso cada vez más potente al gran público. La película juega constantemente con expectativas, emociones y códigos reconocibles para subvertirlos con inteligencia, convirtiendo una historia de amor en un descenso progresivo hacia lo perturbador.

Divertida, incómoda, romántica y angustiosa a partes iguales, Obsession deja tras de sí una reflexión inquietante sobre los límites entre el deseo, la obsesión y la idealización romántica, consolidándose como una de las propuestas de género más sugerentes del año.

sábado, 13 de junio de 2026

Disclosure Day: El retorno del asombro

 Disclosure Day llegaba envuelta en una oleada de entusiasmo crítico que hablaba incluso de la mejor película de Steven Spielberg en más de veinte años. Sinceramente, me parece una exageración difícil de sostener si uno mira su filmografía en perspectiva.

Spielberg venía además de dos títulos muy discutidos en términos de recepción popular: West Side Story y The Fabelmans. Ambas fueron celebradas por la crítica, pero me resultan obras desiguales: la primera, impecable en lo formal pero algo distante; la segunda, demasiado encerrada en la autoimagen del propio Spielberg.

La expectativa, por tanto, era clara: qué versión de Spielberg íbamos a encontrar ahora.

La película reúne de nuevo al director con David Koepp, uno de sus guionistas más recurrentes, con quien ha firmado desde Jurassic Park hasta War of the Worlds. En esta ocasión, Spielberg vuelve a uno de sus territorios más fértiles: los extraterrestres, un imaginario que ya definió en Close Encounters of the Third Kind y E.T. the Extra-Terrestrial.

La premisa parte de dos personas corrientes que descubren pruebas irrefutables de la existencia de vida extraterrestre y deciden sacar esa verdad a la luz tras décadas de ocultamiento. A partir de ahí, la película se mueve entre la conspiración, el miedo y la necesidad de confrontar aquello que desborda cualquier explicación racional.

Más allá del argumento, Disclosure Day vuelve a insistir en los grandes temas de Spielberg: la persona común enfrentada a lo imposible, la tensión entre verdad y poder, y la fragilidad de la creencia cuando el mundo se resiste a aceptar lo extraordinario.

El problema es que la película no arranca con la misma fuerza con la que termina. Su primera mitad es irregular, a veces errática, como si buscara el tono sin encontrarlo del todo. Pero en su último tramo ocurre lo que muchos esperaban: Spielberg activa su cine más reconocible.

La última hora es un ascenso constante hacia el asombro. El ritmo se ordena, la emoción aparece y la puesta en escena recupera ese impulso casi infantil por lo extraordinario que ha definido su mejor cine. Es ahí donde la película realmente cobra sentido.

Josh O’Connor y Emily Blunt sostienen el corazón del film como dos personas completamente normales empujadas a una situación que rompe cualquier lógica. O’Connor encarna la vulnerabilidad con una naturalidad muy efectiva, mientras que Blunt ofrece un arco más amplio: comienza desde una ligereza casi cotidiana, incluso con destellos de humor, para derivar hacia un territorio mucho más emocional. Ambos encajan bien en ese esquema tan spielbergiano de lo extraordinario filtrado a través de lo cotidiano.

Colman Domingo y Colin Firth completan el reparto con solidez, aportando gravedad y textura al mundo que rodea a los protagonistas sin robarles protagonismo.

En lo técnico, Janusz Kamiński vuelve a construir una imagen dominada por la dualidad entre luz y oscuridad. La fotografía trabaja el contraste constante, casi como una tensión moral del propio relato. Los reflejos en espejos, metales y superficies afiladas refuerzan una sensación de duplicidad que atraviesa toda la película. Es un trabajo visual muy controlado, muy consciente de su propia atmósfera.

La música de John Williams vuelve a funcionar como eje emocional, subrayando los momentos de mayor intensidad y reforzando esa idea de descubrimiento progresivo.

Disclosure Day no es la obra maestra que algunos han querido ver, pero tampoco una pieza menor dentro del cine reciente de Spielberg. Es una película desigual, que encuentra su verdadero valor cuando deja de tantear y se entrega a lo que mejor sabe hacer: convertir lo desconocido en emoción.

Y es en esa última hora, cuando todo encaja, donde vuelve a aparecer lo que realmente define a Spielberg: la capacidad de devolvernos el asombro.

miércoles, 10 de junio de 2026

El Oscar que cerró la deuda de Hollywood con Steven Spielberg

 El 21 de marzo de 1994, Steven Spielberg vivió la noche más importante de su carrera. Nervioso y visiblemente emocionado, el director acudía a la ceremonia de los Oscar con una película que ya había marcado un antes y un después en la historia del cine: La lista de Schindler. Aquella noche no solo ganó el premio a Mejor Director, sino que culminó un largo camino de reconocimiento incompleto por parte de la Academia de Hollywood.

Nadie discutía el talento de Spielberg. Desde su debut con El diablo sobre ruedas (Duel), su nombre quedó asociado a un nuevo tipo de cine comercial inteligente, dinámico y de enorme impacto popular. Su prestigio creció rápidamente y fue admirado por figuras clave de la industria como David Lean, Richard Attenborough o Francis Ford Coppola. Sin embargo, ese reconocimiento crítico no siempre se tradujo en premios.

A lo largo de los años fue nominado al Oscar a Mejor Director por Encuentros en la tercera fase, En busca del arca perdida y E.T. El extraterrestre, sin conseguir la estatuilla en ninguna de ellas. El caso más llamativo llegó con El color púrpura (1985), una película que obtuvo once nominaciones al Oscar, incluida Mejor Película, pero en la que Spielberg fue ignorado en la categoría de dirección.

Durante años, parte de la crítica y de la industria justificó estos rechazos argumentando que su cine era demasiado comercial, excesivamente sentimental o alejado de los estándares de prestigio que la Academia solía premiar. Pero esa percepción cambiaría de forma definitiva en 1993.

Ese año, Spielberg firmó dos películas radicalmente distintas. Por un lado, Parque Jurásico, una revolución técnica y narrativa que redefinió el cine de entretenimiento y los efectos visuales modernos. Por otro, La lista de Schindler, una obra profundamente personal sobre el Holocausto, conectada directamente con sus raíces judías.

La película narra la historia real de Oskar Schindler, un empresario alemán miembro del Partido Nazi que inicialmente aprovechó la guerra para beneficiarse económicamente utilizando mano de obra judía en su fábrica. Sin embargo, con el paso del tiempo, Schindler evolucionó moralmente y terminó arriesgando su fortuna y su vida para salvar a más de 1.100 judíos del exterminio.

El impacto de La lista de Schindler fue inmediato. La crítica la consideró una obra maestra y el público respondió con una intensidad inusual para un drama histórico de esta dureza. La película obtuvo doce nominaciones al Oscar, incluidas Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guion Adaptado y Mejor Actor para Liam Neeson.

La noche de la ceremonia confirmó lo inevitable. La lista de Schindler ganó siete premios Oscar, entre ellos Mejor Película y Mejor Director. Paralelamente, Parque Jurásico también triunfó en categorías técnicas, con tres estatuillas que consolidaban el dominio absoluto de Spielberg en la temporada.

Aquel triunfo no fue solo una victoria personal. Fue también una corrección simbólica de la historia reciente de Hollywood. Tras años de ser considerado un maestro del entretenimiento sin el pleno respaldo de la Academia, Spielberg demostraba que podía unir lo que durante mucho tiempo se había considerado incompatible: el cine popular y el prestigio artístico.

La noche del 21 de marzo de 1994 cerró ese debate de forma definitiva. Spielberg no solo había ganado el Oscar. Había demostrado que el lenguaje del espectáculo también podía ser el lenguaje de la memoria, la emoción y la historia. Desde ese momento, Hollywood ya no lo miró como un director excepcional dentro del sistema, sino como uno de los cineastas fundamentales de su tiempo.


 


viernes, 5 de junio de 2026

Javier Bardem reinventa a Max Cady en una inquietante actualización de Cape Fear

 Cape Fear nació como The Executioners (1957), la novela de John D. MacDonald que dio origen a dos célebres adaptaciones cinematográficas: la de J. Lee Thompson en 1962 y la de Martin Scorsese en 1991. Ahora muta en una miniserie de 10 episodios producida por el propio Scorsese junto a Steven Spielberg. Y si eso fuera poco, está protagonizada por Javier Bardem, Amy Adams y Patrick Wilson.

La historia es ya muy conocida. Anna y Tom Bowden ven cómo sus vidas se convierten en una pesadilla cuando Max Cady, el peligroso criminal al que ayudaron a enviar a prisión años atrás, recupera la libertad decidido a cobrarse su venganza.

¿Y qué diferencia a esta nueva versión del resto?

Principalmente, una modernización que se acerca más a la novela original que a sus adaptaciones cinematográficas. La miniserie reinterpreta la historia desde una perspectiva contemporánea, trasladando sus conflictos a una era dominada por la hiperconectividad, las redes sociales y la exposición constante. Es una actualización inteligente de una obra que siempre estuvo ligada a la amenaza física y a la sensación de peligro inminente, pero que ahora encuentra nuevas formas de explorar el miedo, la obsesión y la invasión de la intimidad.

El reparto es uno de sus grandes puntos fuertes, sin olvidar las sorpresas que van apareciendo a medida que avanza la trama. El trío protagonista sostiene con solvencia una serie que, quizá, habría ganado enteros con una puesta en escena más ambiciosa y una identidad visual más marcada.

Uno de los mayores aciertos de esta nueva versión es el tratamiento de Anna Bowden. Si en las adaptaciones anteriores el personaje quedaba relegado a un papel más funcional dentro del relato, aquí adquiere una profundidad y complejidad que enriquecen notablemente la historia. Amy Adams aprovecha esta oportunidad para ofrecer una interpretación llena de matices, convirtiéndose en el verdadero corazón emocional de la serie.

Y después está Javier Bardem. Asumir el reto de interpretar a Max Cady no era una tarea sencilla después de las memorables composiciones de Robert Mitchum y Robert De Niro. Sin embargo, Bardem evita la imitación y construye una versión propia del personaje: inquietante, calculadora, imprevisible y capaz de generar una constante sensación de amenaza.

Los dos primeros episodios prometen una historia de venganza tan absorbente como incómoda. La serie es entretenida, hábil y sabe mantener la tensión sin caer en el efectismo. Sin embargo, por el momento parece faltarle algo de la fuerza estilística que convirtió la película de Scorsese en una experiencia tan memorable. Su apuesta es más psicológica que visual, más interesada en explorar las grietas de sus personajes que en impresionar con su puesta en escena.

Aun así, esta nueva Cape Fear demuestra que todavía hay espacio para revisitar historias conocidas cuando existe una mirada capaz de encontrar nuevos matices. No pretende sustituir a sus predecesoras, sino dialogar con ellas desde el presente, y en sus dos primeros episodios deja claro que tiene argumentos más que suficientes para justificar su existencia.

jueves, 4 de junio de 2026

Javier Bardem encadena su año más ambicioso entre cine, televisión y grandes sagas

  Pocos actores atraviesan una etapa tan concentrada de proyectos, registros y escalas industriales como la que tiene por delante Javier Bardem. Entre el cine de autor, la televisión de prestigio y las grandes producciones de ciencia ficción, el actor encadena personajes que apuntan a territorios muy distintos entre sí, pero unidos por una misma constante: el riesgo.

Tras unos meses en los que circularon rumores sobre un supuesto distanciamiento de Hollywood por su posicionamiento político en favor de Palestina, la realidad de su agenda profesional apunta en otra dirección. Bardem continúa plenamente activo con varios proyectos de alto perfil en distintas fases de desarrollo, estreno o postproducción.

Uno de los títulos que abre esta etapa es El ser querido, la nueva película de Rodrigo Sorogoyen, presentada en Cannes y recibida con gran expectación dentro del circuito de festivales. La historia parte de un conflicto familiar y creativo: un director de cine propone a su hija, una actriz sin éxito con la que no mantiene relación desde hace trece años, protagonizar su próximo proyecto.

El planteamiento sitúa a Bardem en un escenario de tensión emocional sostenida, donde el pasado irrumpe en forma de rodaje. Victoria Luengo completa el núcleo dramático de una historia que explora la fragilidad de los vínculos familiares cuando se mezclan con el trabajo creativo.

En el ámbito televisivo destaca Cape Fear, una miniserie de diez episodios inspirada en el universo de la película de 1991. En ella, Bardem interpreta a Mads Candy, un asesino cuya liberación reabre una herida que el tiempo no ha cerrado del todo.

La serie sigue a un matrimonio, Anna y Tom Brody, cuya vida se ve alterada cuando el pasado judicial que creían resuelto vuelve a irrumpir con fuerza. A partir de ahí, la producción se mueve en el terreno del suspense psicológico y la amenaza persistente, con el personaje de Bardem como eje del conflicto.

Otro de los proyectos destacados es Bunker, dirigida por Florian Zeller y protagonizada por Javier Bardem junto a Penélope Cruz. La película se sitúa en el terreno del thriller psicológico con trasfondo doméstico.

Bardem interpreta a un arquitecto que acepta un encargo tan lucrativo como controvertido: diseñar un búnker de supervivencia para un multimillonario tecnológico obsesionado con escenarios de colapso global. A medida que el proyecto avanza, la presión profesional empieza a interferir en su vida personal, afectando a una relación de diecisiete años que comienza a mostrar grietas.

El proyecto apunta a un posible estreno en el circuito de festivales europeos, con Venecia como uno de los escenarios más probables.

El año se completa con Dune: Parte Tres, la continuación de la saga dirigida por Denis Villeneuve. La historia retoma a Paul Atreides ya consolidado como emperador y figura mesiánica en Arrakis, en un contexto marcado por las consecuencias políticas y religiosas de su ascenso.

En este escenario regresa Stilgar, interpretado por Bardem, cuyo arco apunta a una evolución marcada por el contraste entre la fe inicial en Paul y la realidad cada vez más compleja de sus decisiones.

Con El ser querido, Cape Fear, Bunker y Dune, Javier Bardem afronta una de las etapas más activas de su carrera reciente.

En los próximos meses, el actor se moverá entre el drama familiar, el thriller televisivo, el conflicto doméstico y la épica espacial. Cuatro registros distintos que refuerzan una idea clara: la de un intérprete en permanente transformación.

Más que una acumulación de proyectos, lo que define este momento es la amplitud de su recorrido. Y en esa versatilidad, Javier Bardem sigue encontrando su lugar más reconocible.

El ser querido: las heridas que no consigue cerrar el cine

 En muy poco tiempo, Rodrigo Sorogoyen ha pasado de ser una de las grandes promesas del cine español a consolidarse como uno de sus nombres ...